El muy sofisticado mundo de las opiniones y las visiones personales, se impone al caos aparente, pero acaba aburriendo a causa de la vanidad que corrompe todos los discursos, y oxida el recto juicio.
Sensación de que el tiempo se agosta y crece la perplejidad.
Unos argumentos muy ampulosos que esconden la inopia en que aparecen, maquillados con el dulce nombre de todas las cosas puras e intelectuales que se dicen muy bajito. Nos queda pequeño el museo y acudimos a la galería hiperrealista del futuro, a comprar tres membrillos como tres soles de la marca antonio lópez, y santas pascuas.
No imponerse sanciones excesivas, la presión de los mercados empieza a dejarse sentir sobre los hombros.




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