Es puro esteticismo este tinglado posmoderno, supuestamente contemporáneo, en el que todos somos de alguna manera artistas. Yo no soy artista, se requiere una pasta especial para olvidarse de las cuatro perras gordas que hacen falta y dedicarse de verdad a algo que pueda a estas alturas llamarse arte. Es necesario tener un gran espíritu de sacrificio, no es mi caso. O a lo mejor sí lo soy; y pertenezco a esa furibunda masa de bienpensantes que se creen artistas y estoy intentando escabullir mi torpe destino en esta modesta tribuna del todo vale. No queda trabajo en ninguna parte, sólo vale ser artista, o parecerlo, en cuyo caso el exponente de la perra gorda se dispara ad nauseam. Estamos jodidos, habrá que hacer algo: con lo bien que estaba yo leyendo tranquilamente a Gilles Deleuze como un burgués solapado y ramplón.

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