Esto es hablar solo, ir saliendo al paso de los dobles que uno inventa para cubrir esa ausencia real de contenido que tiene el hecho de escribir más o menos bien y sólo eso. Querer justificar que se han leído y comprendido los grandes paradigmas de la cultura y del arte, y se es artista, cosa harto injustificable por la vía de la lógica aristotélica. No, lo siento señores, soy un burdo remedo de intelectual al que le han regalado una palestra virtual, y siente que las esporas de su cuerpo son permeables con una cierta visión del mundo, y cree que en el maremagnum de la inmensa red global de la comunicación, su ridícula pieza del puzzle encaja en alguna parte que ignora.
Pero a lo último que se presta la verdad es a la prestidigitación de las palabras.

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