jueves, 23 de febrero de 2012

Soy platónico en el jardín metálico

   Están retransmitiendo una minirevolución en Valencia, parece ser que se ha roto el aire acondicionado en un instituto y han saltado las alarmas. La policía ha acudido con presteza a sofocar los ánimos que estaban caldeados pero se han encontrado con una masa un poco informe parecida a la lista de amigos que tenemos en el facebook, cada uno con su carita de no haber roto un plato y una mochila de efectos personales "estilo Urdangarín". Se han repartido galletas del príncipe de Beukelaer con desigual fortuna y ha habido que lamentar una caries de un señor que pasaba por allí. Me violenta especialmente que estas cosas pasen en televisión, porque a veces los encuadres dejan mucho que desear, y porque en general, lo importante sucede fuera de plano. Tengo un conflicto moral. No sé si la actuación policial ha sido proporcionada, si la ha patrocinado el gobierno regional valenciano, si el Ministerio de Educación es accionista de una fábrica de galletas, o si Ché Guevara ha resucitado  y a Urdangarín le gusta la horchata de chufa. He seguido la recomendación de un señor de derechas; para no pecar de progre autocomplaciente  he leído "Trotsky y las orquídeas silvestres." Un texto de Richard Rorty (Wikipedia) en el que, a modo de sucinta biografía, se analiza el difícil maridaje, si no imposible, entre la realidad y la justicia. Convendrán conmigo que el tema, por su complejidad y calado, es mejor arreglarlo dialogando que merendando, por mucho que a uno le guste el Pan Bimbo. Este filósofo, en Estados Unidos, molestaba por igual a demócratas y republicanos.(El único que tiene la suerte de gustar allí es Woody Allen: el filósofo desnatado). Espero que algún párrafo les parezca revelador:




"No existe nada sagrado en la universalidad que haga que compartirla sea mejor automáticamente que no hacerlo. No hay ningún privilegio automático en aquello de lo que puedes convencer a todo el mundo (lo universal) frente aquello en lo que no puedes hacerlo (lo idiosincrásico)...

Esto significa que el hecho de que tengas obligaciones con otra gente (no comportarte como un matón, ayudarles a derrocar tiranos, alimentarlos cuando están hambrientos) no implica que lo que compartes con ellos sea más importante que todo lo demás...

Yo creo que esta práctica unanimidad de mis críticos demuestra que la mayoría de la gente - incluso gran cantidad de lo supuestos posmodernos liberados - todavía añora algo similar a lo que yo deseaba cuando tenía quince años; una manera de mantener unidas en una única imagen realidad y justicia. Más específicamente, quieren unificar su sentido de la responsabilidad moral y política con los determinantes últimos de nuestro destino. Quieren que amor, poder y justicia estén profundamente unidos en la naruraleza de las cosas o en el alma humana  o en la estructura del lenguaje o en algún sitio. Desean una suerte de garantía de que su agudeza intelectual y esos momentos extáticos y especiales que tal agudeza proporciona a veces, sea de alguna relevancia para sus convicciones morales. Todavía piensan que conocimiento y virtud están ligados de algún modo, que estar en lo cierto sobre asuntos filosóficos es importante para lograr acciones correctas. Yo creo, más bien que esto sólo es importante ocasional e incidentalmente."

 Texto completo galletita aquí



                                          Enamorado de la moda juvenil by Radio Futura on Grooveshark

2 comentarios:

  1. Me gustó mucho leer a Rorty en la facultad; era un soplo de aire fresco entre tanta ontología esencialista tanta ética cristiana y tanta-terminología-heideggeriana. Un simpático golpe contra el totalitarismo de la verdad, Una inteligente lección de relativismo pragmático. Sin embargo, creo que el horno no está para ironismos liberales, ni que el papel de los artistas sea el de ablandar el corazón de los poderosos, ni que la justa manera de acercarnos al otro, si no se nos va corriendo antes, sea la de incluirlo en un nosotros tan erosionado como es el nuestro. Su idea de que uno de los objetivos de la filosofía, a parte del de disolverse, sea el de velar por la felicidad de las generaciones venideras, no se aviene demasiado bien con la defensa de lo que podríamos llamar su pragmatismo económico(más dinero para el mayor número) y la despreocupación total en su propuesta social, más dinero, (para consumir igual), más solidaridad, por duestiones relacionadas con el medio ambiente.

    Me alegra esta actividad enloquecida que tiene tu blog.

    Oche

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  2. Hola Oche, a mí me alegra mucho verte por aquí. El comentario es de ley. Ciertamente, Rorty ( al que conozco mucho menos que tú) tiene una sana ironía que conviene no olvidar nunca y un cierto cinismo que aún tardará en pudrirse. Estamos viviendo de las rentas ideológicas de un siglo XX que le ha dado al individuo( al inevitable hombre blanco, quiero decir) muchos parabienes a costa del "nosotros". Será difícil combatir este estado de cosas con argumentos, pero no nos queda otra, toda vez que ese "nosotros" se ha convertido en un parámetro económico: el más importante de todos. Ya veremos. Los artistas harán bien en ablandar el corazón de todo el mundo, como han hecho siempre, añadiendo aunque sólo sea un gramo de sensibilidad o de locura a este mundo de locos. Un abrazo, espero verte pronto, in vino veritas.

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