sábado, 24 de marzo de 2012

dioses domésticos

Esta mañana al subir la persiana del dormitorio la primavera me esperaba del otro lado, eso creía yo. En su lugar había un señor con un mono de trabajo limpiando por fuera la ventana con un plumero de quitar el polvo. Le he sonreído y se ha difuminado como un holograma con la batería baja. Los cristales no se limpian con plumeros -iba pensando- cuando al levantar la tapa del inodoro estaban guisándose unas lentejas dentro, olían a gloria. He bajado la tapa y al abrirla otra vez en lugar  del guiso había una nota de papel flotando que decía " no te olvides de apagar el fuego dentro de diez minutos". Apresurado sin lavarme la cara siquiera he ido a la cocina. En lugar de la hornilla había una jaula con un señor muy elegante haciendo sus necesidades mientras leía. Le he preguntado que quién era. Si he de creerle, me ha dicho que era un dios doméstico, pero que emigraba. Tras tirar de la cisterna ha salido de la jaula y se ha arrojado por la ventana de la cocina en paracaídas. En suma, me han abandonado los lares, los manes y los penates. Tendré que hacer pingües sacrificios para que vuelvan.



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