lunes, 21 de julio de 2014

LA CABINA TELEFÓNICA



   Si voy solo, prefiero el transporte público. Lo endogámico del coche me repele. Así que estoy en una marquesina de autobús de un pueblo blanco cualquiera, de no importa que comunidad de destino, lengua, interés, autónoma o de vecinos...con una pose de adonis pasado de kilos (sin llegar al hooligan inglés o al portero de discoteca) esperando a que pase la guagua y me lleve al centrowifi, a la wikiplaza del pueblo: en la acera de enfrente, esa por donde pasan la personas de otro sexo, idioma, país, color de piel y equipo de fútbol; hay una cabina de teléfonos. En la publicidad aparece una chavala con toda la traza de tener pasta y disfrutar de esa felicidad que te permite operarte las mamellas para que parezcan cabezas de misil, con el detonador bien erguido apuntando hacia la franja de Gaza; así que no se ve nada de lo que pase dentro.

  El caso es que han entrado ya dos personas distintas (podrían haber sido la misma dos veces distintas, ya saben; Heráclito) y ninguna de las dos ha salido de allí al cabo de un cuarto de hora. Para qué voy a coger el autobús, el misterio está aquí. Ahora mismo acaba de entrar una tercera persona y no se ha asustado porque haya dentro, ya, dos. Esta cabina parece que declina el verbo compuesto "poder ser", la posibilidad imposible de que todo pase, de que todo quepa.
  Desde que llegué a la marquesina he perdido tres autobuses, en el mundo se han multiplicado por millares los suicidios, los aumentos de sueldo, se ha inaugurado un océano de lágrimas con barcas unifamiliares en Disneyland París; mundo inmundo y verecundo, fascinante y lacerante a partes iguales, y tengo una inquietud nanotecnológica por lo que está pasando en esta cabina, que es un sumidero de universo, un agujero negro de vida. Me acerco lentamente a ella para abrir la puerta. Me despido aquí de ustedes, prefiero ahorrarles el desastre, pase lo que pase cuando abra la puerta de la cabina, ya estaré del otro lado. No pregunten por mí, y menos llamando a esta cabina, sólo serviría para aumentar aún más la confusión. Y disfruten del verano, es la época perfecta para el bello espejismo.





2 comentarios:

  1. Este cuento es muy bueno. Feliz verano.

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    1. Feliz verano, Gina, un abrazo y muchas gracias por la lectura.

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