miércoles, 11 de febrero de 2015

POR QUÉ HAY QUE LEER ALGO A THOMAS PIKETTY Y NADA A STEPHEN KING




                                                    "Se acabaron los grandes reyes carismáticos
                                                     No hay más que ranas croando en el charco patricio"
                    
                                                                                      Carlos Edmundo de Ory



¡Paladines de la igualdad, que todo lo rasuráis
a la altura de vuestras entendederas!
¡Próceres biempensantes, garantes de la libertad
universal y otras entelequias de pan llevar!
Después de una noche agitada en sombras
que invocaban, ebrias, el espectro desnudo de
Simone de Beauvoir, me he levantado con la mirada
traviesa de su marido, Jean Paul Sartre, horadando
el espejo del cuarto de baño. El sol muerde
las ventanas con manazas de labriego sonriente
como diciéndome: Ven conmigo, vamos a recolectar
las patatas descerebradas y el apio del pueblo,
las cunetas están repletos de ellos, el estiércol
con que las dalias se hacen máscaras
regeneradoras se llama: tópico utópico.

A ustedes, principiantes del economismo
y la ética esdrújula
os digo que os dejéis de monsergas,
que os metáis a curas párrocos y a monjas,
así podréis dinamitar a gusto la sesera
de vuestros incautos seguidores
con una interminable lista de consignas
rigurosamente escogidas entre las más
apropiadas para recitar en domingo
mientras ellos os limpian el polvo de los hábitos
y sotanas con sus lenguas sedientas de sabiduría.
Pero haced todo esto en una iglesia erigida
por vuestras propias manitas solidarias, piedra a piedra:
no vayáis haciendo proselitismo fuera de vuestras
pequeñas diócesis, donde os toleran las cornadas
con que cargáis de razón torpes argumentos.

¡Machotes de salón, salid a la calle
a socorrer la mujer de carne, hueso y dolor vivo, dejaros
de palabras, frailucos con pantalón vaquero!

Leed algo a Thomas Piketty, economista francés
con ojeras de una década sin dormir, comprenderéis
el origen de las desigualdades mucho mejor
que si vais a la tasca del pueblo
a tomar un chato con Chano Lobato.
Cuidado con Paulo Coelho, paternalisto,
ese lobo con piel de cordero
que os dice lo que tenéis que pensar
para estar a gusto viendo una peli trascendente
en pareja. Aquí, el poeta zarigüeya, el
que no tiene nada que perder
os invita a la sesión golfa
de lo políticamente incorrecto:
primera lección, limpieza de hocico
con piedra pómez y un curso de ganchillo
para elaborar calcetines calados. Los cerditos
de Jabugo andan también de puntillas como vosotros:
con mucho cuidado de no equivocar la consigna.








2 comentarios:

  1. Me gustan tus poemas que me dejan mudo.

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  2. Mil gracias, Carlos, lo tendré en cuenta si publico alguna vez en papel.

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