lunes, 28 de enero de 2019

MORIR DOS VECES



Quisiera que me habitase la muerte
como vive en los niños, morando
incolora en tez rosada, brillante corola de risas.
En la ignorancia de las cosas difíciles, dormida
hasta ese día seguro de madurez incierta,
desprevenida de mí, urgente para otros
por los que sigo atento, injustamente.
Quisiera ser la lentitud en un campo oscuro,
el fragor silencioso de los astros orbitando
de un tiempo de luz a otro de sueño,
con la suma ingrávida de sus cuerpos
como estrellas que titilan un lenguaje cifrado
que esperó eternamente a mostrarse.




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