Sí, la polémica está servida en el salón, las uñas dialécticas lanzan sus astutos zarpazos en busca de la epidermis, usted y su gatita se miran amenazantes, percibe en ella la mirada de una fémina peligrosa, pero desengáñese; es todo fruto de su imaginación de usted, su animal de compañía le proyecta exactamente la imagen que quiera ver: usted se asusta de los ojos de su gata en la oscuridad cuando llega de la calle. Un ser vigilante y huraño le espera arrebujado en un rincón o haciéndose la esfinge en su atalaya del sofá. ¿No está cansado ya de la enigmática y seductora pose de su gatita? ¿Hasta cuando le va a seguir aguantando esas manías de princesa caprichosa con la comida ?
Tiene usted cara de ratón, la simbiosis que ha experimentado con su mascota, quizá quede ya indeleble en los surcos de la memoria, alimentando una sospecha.