APARICIONES SIN OBJETO
Nada. Hay
mañanas del agosto legionario que la retina sufre el fantasma de las
últimas preguntas. Hoy tocaba la cuestión “¿Tiene algún objeto su
vida?”. El regalo venía de la mano de un enorme ángel de la tercera edad,
bendito sea, que por mi bien me visita de vez en cuando para ver como
va el estado de mi alma huérfana. El problema de fondo es la hora de la
visita, pues estaba leyendo el poema Deshoras, de César Vallejo, acodado
en la insegura baranda de la terracita, y el susto ha sido padre.
El poeta peruano meditaba sobre la pureza en una posición bastante
comprometida, con la desesperación ungida por un dios ateo “Pureza
amada, que mis ojos nunca llegaron a gozar. Pureza absurda!”. En este
momento, absorto en las primeras estribaciones de esta palabra, que, no
sé por qué, me llevaron a recordar la escultura archisentada de El
Pensador de Rodin; ahí, en ese instante y no otro, se ha presentado lo
que aparentaba ser una señora chiflada, espectro con alas, peluca bien
marcada y una pandereta, y he estado a punto de precipitarme de un
quinto piso con las obras completas de César Vallejo y unos calzoncillos
con chanclas como único atávico sostén de un pudor de andar por casa.
Dedicarse a la literatura a tiempo completo es más peligroso de lo que
la gente piensa. Otro día respondo a la pregunta.

De lo existencial a lo histriónico en un abrir y cerrar de cuento. ¡Más!
ResponderEliminar