Es muy importante saber que una pelusombra jamás se alojará en nuestras gargantas, que sólo a veces se permiten un oscuro gemido inevitable. Cuando la pelusombra oye algún gemido moreno de ser humano se alegra, se le eriza la pelusa del lomo y se apresura con una jovialidad no exenta de intimidad doliente a tomar el sol. Obviamente no saben leer, pero son igualmente encantadoras.

Tus historias de pelusas, geniales, como siempre.
ResponderEliminarSalud