Famoso por su saludo morigerado, inexpresivo. Su mirada parecía el moco refrigerado de un pavo. Tenía cara de puerta abierta. Recientemente se ha subastado su fondo de armario y la recaudación ha ido a parar a las viudas de samurais. Asesinaba a sus rivales lanzándoles el abanico abierto a la yugular.

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