De ningún modo quisiera yo - habla Juan de Mairena a sus alumnos - educaros para señoritos, para hombres que eludan el trabajo con que se gana el pan. Hemos llegado ya a una plena conciencia de la dignidad esencial, de la suprema aristocracia del hombre; y de todo privilegio de clase pensamos que no podrá sostenerse en un futuro. Porque si el hombre, como nosotros creemos, de acuerdo con la ética popular, no lleva sobre sí valor más alto que el de ser hombre, el aventajamiento de un grupo social sobre todo carece de fundamento moral. De la gran experiencia cristiana todavía en curso, es ésta una consecuencia ineludible, a la cual ha llegado el pueblo, como de costumbre, antes que nuestros doctores. El divino Platón filosofaba sobre los hombros de los esclavos. Para nosotros es esto estéticamente imposible. Porque nada nos autoriza ya a echar sobre las espaldas de nuestro prójimo las faenas de pan llevar, el trabajo marcado con el signo de la necesidad, mientras nosotros vagamos a las altas y libres ocupaciones del espíritu, que son las específicamente humanas. No. El trabajo propiamente dicho, la actividad que se realiza por necesidad ineluctable de nuestro destino, en circunstancias obligadas de lugar y de tiempo, puede coincidir o no coincidir con nuestra vocación. Esta coincidencia se da unas veces, otras no; en algunos casos es imposible que se produzca. Pensad en las faenas de las minas, en la limpieza y dragado de las alcantarillas, en muchas labores de oficina, tan embrutecedoras... Lo necesario es trabajar, de ningún modo la conciencia del trabajo con la vocación del que lo realiza. Y es este trabajo necesario que, lejos de enaltecer al hombre, le humilla, y aún pudiera degradarle, el que debe repartirse por igual entre todos, para que todos puedan disponer del tiempo preciso y la energía necesaria que requieren las actividades libres, ni superfluas ni parasitarias, merced a las cuales el hombre se aventaja a los otros primates. Si queda esto asentado entre nosotros, podremos pasar a examinar cuánto hay de suspersticioso en el culto apologético del trabajo. Que quede para otro día, en que hablaremos de los ejércitos del trabajo.Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Antonio Machado
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miércoles, 8 de febrero de 2012
Sentencias de un profesor apócrifo II
domingo, 27 de noviembre de 2011
sentencias de un profesor apócrifo I
Nosotros no pretenderíamos nunca educar a las masas. A las masas que las parta un rayo, nos dirigimos al hombre, que es lo único que nos interesa; al hombre en todos los sentidos de la palabra: al hombre in genere y al hombre individual, al hombre esencial y al hombre empíricamente dado en circunstancias de lugar y de tiempo, sin excluir al animal humano en sus relaciones con la naturaleza. Pero el hombre masa no existe para nosotros. Aunque el concepto de masa pueda aplicarse adecuadamente a cuanto alcanza volumen y materia, no sirve para ayudarnos a definir al hombre, porque esa noción fisicomatemática no contiene un átomo de humanidad. Perdonad que os diga cosas de tan marcada perogrullez. En nuestros días hay que decirlo todo. Porque aquellos mismos que defienden las aglomeraciones humanas frente a sus más abominables explotadores, han recogido el concepto de masa para convertirlo en categoría social, ética y aun estética. Y esto es francamente absurdo. Imaginad lo que podría ser una pedagogía para las masas. ¡La educación del niño masa!. Ella sería, en verdad, la pedagogía del mismo Herodes, algo monstruoso.
Antonio Machado y/o Juan de Mairena
miércoles, 24 de agosto de 2011
EL HOMBRE CINÉTICO, de Antonio Machado
| collage de Paco Marcos |
Nunca nosotros hemos de profesar un culto desmedido a las actividades cinéticas, convencidos de que estas se nos darán por añadidura, mientras no logremos sustraernos al universo físico del que formamos parte. Ni el trabajo por el trabajo, ni el juego por el juego, ni la lucha por la lucha misma, que son maneras de rendir un homenaje - realmente superfluo - al movimiento. La gracia está en pararse a ver, a contemplar, a meditar, en consagrarse un poco a las actividades quietistas. Quiero decir con esto que no pretendo educaros para hombres de acción, que son hombres de movimiento, porque abundan demasiado. El mundo occidental padece plétora de ellos, y es su exceso, precisamente - no su existencia -, lo que trae al mundo entero de cabeza.de Juan de Mairena II, Antonio Machado
viernes, 1 de abril de 2011
afueras
| Collage de Paco Marcos ( Sobre la duda. )* |
Antonio Machado
* Publicado en el número 3 de Hora de España con el título de Sigue hablando Juan de Mairena a sus alumnos.
martes, 24 de junio de 2008
CARACOL PARA ANTONIO MACHADO
Anacoreta caracol,
ten fé en el avance de la ciencia,
date un largo paseo que parezca
el encefalograma de lo triste.
No te escondas al borde de los pozos
entre la yerba pisoteada por las niñas.
Llegará la noche
de pálida sonrisa,
cruzarás el asfalto lentamente.
Caracol cenital,
me recuerdas a Antonio Machado...
se hace camino al andar,
no vuelvas la vista atrás.
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