Mira tronco yo voy andando a todas partes, a mi no intentes seducirme con tus ensoñaciones callejeras. No pertenezco a ninguna tribu urbana, a ninguna secta comedora de alpiste, a ningún grupo de acción católica, ni siquiera me he apuntado todavía al centro cívico de mi barrio. Soy un bicho raro ¿sabes? Me gusta fundir las suelas de los zapatos matando musarañas, desde que tengo uso de razón ya no recuerdo cuando fue la última vez que me compré ropa de marca. Tampoco soporto esa literatura fresca como una mierda que ahora premian en todas partes, mil veces antes me leo por cuarta vez las Soledades de Góngora en el cuarto de baño y sin papel del water. Ten cuidado con estos patinazos humanitaristas que pegas, alma de plátano. Yo te aprecio un millón de veces más que tú a mí, tengo la cabeza llena de pájaros azules, pero voy andando, y mientras llego a la marquesina de autobus donde me van a matar, me limpio los huesos con un plumero. Chao lindo, no olvides el casco.
En la aperturidad intramundana del ser, en la real constitución de los hechos, sin hacer ese vano esfuerzo de autolimitación característico de las cosmogonías personales de artista; en la resolución del "yo-estoy-en-un-mundo" on line y el peligro de cambiar de foto de perfil cada cinco minutos, en ansia de perplejidad que pretende abarcar la totalidad de lo en sí con un puzzle de ondas radiofónicas consecutivamente desintonizadas y vueltas a sintonizar sin ton ni son: en mitad del Dasein, aquí en el Camping Gallery de Londres, llevo mis abstracciones a cuestas como un chaval estudiante de bellas artes y la radiante mañana de junio me conecta al ser y el tiempo. Sin intermediarios.
no el concubino de la filosofía sino el demente borracho orinó sobre la tumba imaginaria de tus padres como si no hubiesen existido y las rosas se cubrieron de una oscuridad aparente sugerida por la sonrisa de un mono y todo esto sólo sucedía en el libro seco porque antaño le dio el sol
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la flor fue excusa disculpa de un siervo enamorado cuyos cuernos semejasen preceptos
aunque la sabiduría de abreviar a tiempo supo historiar el fin de la academia del señor que soñó que su perro buceaba en la piscina ya Freud lo supo que el hombre tiende a una ensoñación activa hija de su propia ingenuidad reprimida por prejuicios necesarios? y ya nunca más se contó ningún sueño que no fuese de loco vegetariano en monopatín, no por eso dejó de hablarse de política
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el jumento gracioso colocó sobre la corona del rey su pezuña ignorante y llovía muy fino como cuando se anuncia el nacimiento de un nuevo rey algunas novicias gemían en el cerebro enfermo del sátiro
la vida iba corriendo por la cloaca llevaba en volandas la prenda del cero ovalada en letras de molde y se declaraba allí que un artista forestal grabó sobre el cristal la eclosión gris de la primavera la negrura del papel en blanco pero en su momento nadie dijo nada
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fue por siempre asqueroso digno de reprobación y asco consuetudinario que tu perro que tu perro el que te vio nacer no pronunció tu nombre sino que ladró con una lágrima intempestiva en los ojos un llanto de persona civilizada porque se supo amigo de sus amigos y tú le diste de comer siempre pienso luego existo
Los "asnos" reaccionarios me lanzarán sus rayos. Puaj! Erik Satie
Con un golpe de sol se desvanecerá el velo de maya que circunda vuestras reverendas molleras biempensantes. A la hora del crepúsculo matinal, cascarán todos sus huevos sobre la mesa del príncipe. Porque la irreverencia no está reñida con la verdad, yo habría elegido otra manera de acabar con la elegía romántica de sangre azul que corroe vuestras entrañas: una gymnopedia.
Mi idea de espiritualidad es muy acogedora: abarca desde un señor jugando al ajedrez a un arriate sembrado de menta-poleo donde se habla de Platón. A veces dudo, si no estará también en una luna fregando el suelo de un hospital abandonado o en los dientes de un perro.
Cuando algo no está católico quiere decir que falla, que tiene una salud desmejorada como estos versos tácitos satélites de un mundo religioso donde el miedo rechina en las estrellas.
Por tanto o quizá diriamos que Xtonto, haga una cruz aquí donde la iglesia para favorecer aún más la estupidez humana: le regalamos un rosario de firmes convicciones para que las repase cada día en su sofá.
La utopía enseñó los dientes, eran dientes republicanos, con sarro de anteriores revoluciones atrasadas a golpe de peluca. Platón fue guillotinado por metafísico: se pensó que su mundo de las ideas era un recurso de cosmética para justificar el nivel de vida de la aristocracia francesa; pero la burguesía no podía seguir soportando la humillación de trabajar para una minoría de rentistas con lunares artificiales, así que Platón fue ajusticiado junto al rey sol, nadie reparó en que sobraba una cabeza en la cesta, y con las mismas, mientras mostraban a la concurrencia la mollera de Luis XIV, la cabeza de Platón recorrió rodando las calles de París, paró delante de la casa de Diderot el enciclopedista, llamó con duros y emocionados golpes de frente a su puerta; al cabo le abrió la empleada de hogar que no veía a nadie pero Platón, o sea, su chola, con todo el entendimiento que le cabe, se coló en la humilde morada del ilustrado factor de la Enciclopedia con bombillas, Denis Diderot, que tenía un busto de Aristóteles en la biblioteca: esto indignó sobremanera al decapitado filósofo que no obstante se consoló pensando que a Aristóteles le habían conservado tan sólo un trocito de pechera más que a él.
Dibujo de Luis Bagaria
Largos años después, como en las películas tostón norteamericanas, la utopía viajaba en una máquina de vapor con la cara llena de hollín, meneando con impaciencia el rabo de nube en clase turista. Ya se ve que la utopía necesita un motor potente para funcionar, a lo mejor esa idea topo que tanto circula ciegamente por la subterránea conciencia colectiva, de que las utopías son el motor de la historia, ya no se sustenta, y las utopías, como esas personas que cojen el coche hasta para ir al estanco de la esquina, necesitan un suplemento vitamínico, un vehículo a inyección. El sentido colectivo de la utopía, sus granjas anarquistas, excelentemente organizadas, aquellos jardines del antiguo régimen donde prosperaba el laberinto por donde Tomás Moro en ensimismado paseo, concibió el aparato crítico de la realidad que denominó Nova Insula...aquel sentido colectivo se ha ido difuminando: no había una barca en condiciones con la que llegar a aquella isla de impecable progreso (el Titanic fue un experimento arcádico, como el Arca de Noé).
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Y luego todo el mundo quiso escribir su utopía, un cristiano, un ecologista californiano, un topo de patio con limonero, líderes sindicales, la patronal, un servidor. Todo el mundo, en éxtasis. Por eso en España, el País Mariano por excelencia, se prefiere el milagro a la utopía: porque el milagro no hay que construirlo, sólo se lo espera, como yo a mi gata Utopía, que nunca viene cuando la llamo.
Un señor carnívoro concienciado va dando un paseo por el bua de buloñ, en París, donde las alondras escupen pétalos de rosa sobre las frentes juveniles, sobre las libertarias ansias de modernidad: ¿pero este señor parece bien alimentado? Sí, se diría que solo come conejo hasta que su conciencia se lo permite. Con el tiempo su conciencia fue desarrollando tales maestrías tecnológicas, desarrolladas a partir de una estricta disciplina de la lechuga, que fue capaz de ir diseñando la fisonomía de su rostro al estilo de un señor carnivoro va dando un paseo por el bua de buloñ: le acompaña su conciencia en traje de noche. Lo encontrarán por la mañana en la feria del libro firmando ejemplares de su última novela, El cordero venial. Queda prohibido echarle cacahué.
Máquina de indicar con pájaro en el brazo como una manera de confundir matemáticamente el lugar concreto donde el horizonte se estrecha con el filo de un billete cuando el hastío de las astas se yergue contra la duda, su hermana, le hiende una certeza: así funciona este hipódromo.
Hasta lo obvio es un misterio por eso el cabrón piensa una manera de difundir sus secretos de alcoba pero interviene la falda censora rosas histéricas obscena metalurgia el tenedor a la izquierda o era?
La moral engrendra retruécano una oscuridad donde suenan tacones me palpitas el suelo de casa?
Río negro
qué contienes todos los colores
a mi no me importa que me lleves
a tu muerte llena de voces sin eco
y que no pueda ver ya en los ojos
de los hijos de la gente
la despreocupación, la alada
duda alegre de los niños
no pueda yo ver
ya
el irreal paraiso que late en un verso
pero antes de irme
en esta ribera limpia
me fijaré muy bien
a través de este cuerpo innecesario
a ese espacio de luz que se adivina
más allá de tu oscuro devenir.
Primero, porque el amor es un concepto. Tú me dices que un sentimiento, yo lo pongo en la balanza y la cosa se difumina aún más, porque el amor cuando se lo coloca en una balanza para ver si soporta la comparación, puede llegar a pesar menos que un gramo de nube: justo el peso de un concepto, ¿qué concepto?
Mejor será no hablar de amor, me dan ganas de ir al más gran estercolero a darle un beso a la basura, donde se junta la tripa del cerdo con un recuerdo de la infancia de alguien, y dar un beso allí. Allí donde el ojo sangrante se reconcilia con Dios y le estampa en la boca una metáfora. Claro que me puedes decir, eso no es amor, Y yo siempre te podría contestar: toma esta rosa impresa por un recuerdo de alguien a quien nadie acompañó en su muerte y tuvo alma, y supo del aroma de un libro. Porque el amor es un concepto.
Procederemos a rajar de arriba a abajo o de abajo arriba, como se prefiera; para ello nos valeremos de una pluma de pavo real afilada hasta la extrema unción de la punta, que mojaremos en tinta de calamar. Acto seguido, con el raspador de tráqueas tomaremos una muestra de nicotina, un nivel de alquitrán por debajo del 45 % se consideraría poeta menor o rapsoda de barrio, no siendo necesario en su caso un examen de las vísceras. Una vez por tanto abierto de par en par el poeta, le escribiremos en el hígado la siguiente frase: La poesía, calamargura en su tinta viva. Si el hígado se vuelve de color rosa está perfectamente apto para el consumo humano. Se elaboran patés de alta cosmética sólo asequibles para las damitas de alcurnia, las modelos flacas que huelen a ESCRITOR after pop y se tapan los pechos con manitas de pianista pillada in fraganti sobre el piano, en paños menores. A continuación le extraeremos el corazón, que en los poetas tiene forma de piñata.Con la sangre podemos improvisar un refrescante batido, ideal para la merienda.
Antes
de diseccionar a un poeta, hay que sumergirlo en formol para eliminar
todos los restos de impurezas orgánicas que hubieran podido quedar
adheridos al cuerpo en el asqueroso proceso de creación artística,
durante el que la descomposición del cuerpo humano manifiesta numerosas
evidencias anatómicas; muestras deletéreas del desgaste corporal del
poeta: caspa, pelusas, vello, mucosidades, baba, y otras, más propias
del tipo de poeta que sea. Ahora tenemos en el bote a un poeta romántico
de corte clásico y verso alejandrino, hemos detectado restos de sal de
lágrimas en su gabán y numerosas manchas de ceniza triste en las
pestañas, algunas de la cuáles, desprendidas de los párpados en el
forcejeo por meterlo en el tarro de formaldehído, habían ido a parar al
suelo del laboratorio, donde han sido descubiertas fornicando con un
grupo de hormigas. Parece ser que las pestañas de poeta tienen una
mística propensión al movimiento libre, como los rabos de lagartija. Una
tésis que apoya la teoría de infinitud metafórica del Doctor Beckett,
basada en la observación detenida del pestañeo humano.