(A Mercè Rodoreda)
Que me pase un omnibus por encima,
que un miliciano me tronche las muñecas,
me arrastre al suelo, prendiéndome al gemir
la mirada de degollar de los corderos,
Con la última peseta me tañeran las esquelas,
rebañarán mis hijos paz por el embudo,
la vida son palomas de sangre,
me pesa en las costuras este escombro,
este guano que nunca fué miel robada,
alegría convecina a las colmenas, No respirar, Señor, no volver a fregar con greda
el entresuelo de esa sórdida miseria, no saberme de nuevo en una piel humillada
o perderme dispersando tus dones para siempre...
En esa premiosa botadura de no ser nada.
Poema de Rafael Escobar, nacido en Belmonte, Cuenca.
Si consideramos al ser humano desde un punto de vista materialista, es decir, si vemos en él un resultado de fuerzas heterogéneas a su naturaleza específica, podemos extraer dos sistemas principales de representación como resultado. En el primero sólo se tiene en cuenta la composición de fuerzas inmediatamente perceptibles e indiscutibles, como son la nutrición, la habitación, el trabajo y los medios de producción; estas fuerzas engendran masas humanas en la superficie de la tierra bajo formas diversas, según su grado de desarrollo, y su combinación sólo transmite a esos seres manejables como peones e infinitamente disponibles el valor de las relaciones de producción. El segundo sistema no es la negación del primero, aunque no admite que las fuerzas inmediatas que modifican los hechos humanos aíslen estos hechos de otras fuerzas, que por ser más dificilmente mensurables no determinan menos las formas particulares de existencia. Este sistema representa al ser humano como un cuerpo vertical desplazándose en la superficie de la tierra que mantiene determinadas relaciones con los diferentes estados del espacio celeste.
Triste semblanza aquella en que la sombra del hombre no aparece, estas lineas anónimas se pierden en un jardín de senderos que se bifurcan, sobrevive quizá la médula del deseo y el perfil infinito de las ciudades que une las conciencias.
Cuánta luz derrotada se alza en esos perfiles, si olvido alguna vez de dónde vengo siempre podré mirar el ángel fieramente humano que habita en ellos...