sábado, 26 de febrero de 2011

Mágico mundo de colores

 





Dilación o ausencia

la perpleja
avidez de conocimiento
te hizo hombre
                                                           antes que ninguna guía espiritual

Ahora lamentas
echas en falta un método
una luz que no aturda
y cualquier niño pueda
mirar de frente

Sólo musgo
vegetal podredumbre
de horas sesgadas
reclamando su alimento
su cuota de silencio
con lo fácil que sería
salir a pasear
sentir un fresco viento
aprehender la materia
sin hacerle un vestido
antes de haberla desnudado entera.




lunes, 21 de febrero de 2011

zoón politicón




El cebragallo francés: una solución ilustrada para integrar a todo el mundo, en un patrón
laico.


El alpacatre alemán: desde una altura  cuasimetafísica, tutela hegelianamente el devenir de la aldea
global, y le provee de calefactores.                                                    
La murcieposa italiana: está demasiado ocupada en su transición política de flor en flor, para jugar un papel importante en la primavera revolucionaria del jazmín.(A puesto sus bases aéreas en alerta)





La pulneja española propuso una alianza de civilizaciones, para erradicar el universal prurito de la desigualdad geopolítica, podría ser un actor clave en oriente medio, gran perro flaco.(Moratinos se está rascando)


El egiptofante mediterráneo: viene pisando fuerte, los expertos dudan que la democracia liberal pueda implantarse en sus entenderas, pero es bien sabido que la memoria que gasta goza de una salud proverbial.


                              El libioceronte: un caso delicado; debido al inmovilismo de su clase política, y a la división religiosa de su sociedad, ha aplastado ya muchas crias revolviéndose impertérrito sobre sus enormes michelines. La ONU está pesando seriamente fabricar una grúa de color azul, para moverlo siquiera fuese unos metros, y adecentar el desaguisado.

Y por último, un caso sui géneris, muy peculiar:

Caracoles unidos de norteamérica.

Los caracoles unidos de norteamérica están protagonizando, en un sentido negativo, un gran paso en la historia, ya que habiendo sido los gendarmes de occidente, y por ende, del mundo entero, han comprendido, al fin, que tardan un cierto tiempo en llegar, y que eso les cuesta una barbaridad, que ya no pueden pagar. No obstante, están a la espectativa, ya que se ha corrido la voz, de que debajo del Libioceronte, hay una gran mancha de crudo virgen extra.

Espero que esta broma indelicada, les haya sugerido un panorama con futuro, parece que el director del Zoo, no tiene nada claro como remodelar el mundo, para que estos bellísimos animales, en peligro de extinción, puedan convivir en paz, sin necesidad de enjaularlos a todos.
como apriete Oriente Miedo nos vamos a enterar.




sábado, 19 de febrero de 2011

NUDO GORDIANO



  Que las cosas no son lo que parecen es algo que nunca  he querido creer, quizá porque es reconocer, de alguna manera, que no tiene uno la suficiente perspicacia para verlas como son. Cuando Sócrates se planteó esa duda verdaderamente metódica de afirmar que nada sabía, intuyo que estaba haciendo un ejercicio de humildad, de cara a unos jovencitos apolineos que, ávidos de sabiduría, pondrían cara de bobos viendo al más grande sabio contemporáneo bajarse los pantalones alegremente con una cuestión tan delicada. Creo, que Sócrates, por tanto, no escondía ninguna velada referencia a la bisoñez de sus contertulios, y que era absolutamente sincero, inaugurando así un sentido recto de la ignorancia, doctorando a la humanidad entera con un recurso ético, que ayuda mucho en toda época, que es el de no creer que se sabe todo.

  La sabiduría, para muchos, es un taparrabos con forma de corbata. Un taparrabos con el que ocultan sus vergüenzas, mientras se ajustan un poco mejor el nudo. El problema arriba cuando al miembro le da por erguirse, las palabras acuden entonces tartamudas, trastabillándose en la engolada nuez del académico, que apenas puede mascullar una lección aprendida hace mucho tiempo.A algunos políticos se les nota que llevan slips, suelen ser los subdelegados del gobierno, gente dinámica y juvenil que no se resignan a ser unos calzonazos y están comprometidos con el progreso. Otros se empeñan en llevar el nudo gordiano más ancho que los presentadores de telediario, a juego con sus grandes narices de oledores de trufa, de actualidad soterrada y usurera.
  ¡Platón no llevaba calzoncillos ni corbata y era un señor, todo el mundo le respetaba! Con su túnica hiperbólica de lino se paseaba tranquilamente, comiéndose unos higos chumbos por el ágora, sin tener que soportar la impertinencias de la prensa. ¡Qué tristes y ufanos, los publireporteros detrás de los políticos pret-a-porter, que tienen a toda hora una frase a medida!
  Claro que es tarde para revoluciones, pero mire usted, quizá la moda del sansculotte resucite ahora en esta forma del corbatillo y, con la inestimable ayuda de la redecilla social, conquistemos el acceso gratuito a la energía y a la cocina de la aldea global. No sería mal atuendo, cambiar el traje normal por este silvestre corbatillo a rayas trufadas; con el agujero en la capa de ozono, vamos a pasar mucho calor.

viernes, 4 de febrero de 2011

doctor narciso

Todavía tengo tiempo de sembrar en el solar de mi ignorancia una semilla de dudas, un germen de sabiduría que haga brotar una cosecha de versos, un vino amargo y puro como la vida.


Seré paciente y callaré. Que los que saben,apuren la copa deliciosa de la verdad, cautiva de la luz y la palabra. No teman que vaya envenenada de vanidades ajenas. Encontraréis al fondo la imagen del narciso.

                                                          

                                              

viernes, 28 de enero de 2011

Dyunzaburo Nishimaki / poema




Leves son 
la manzana de Cezanne 
el vientre de una serpiente 
la hora eterna 
un plato roto 
abandonado en el paraíso perdido 

                                                             Dyunzaburo Nishimaki

miércoles, 26 de enero de 2011

Refinamiento del campo

Chillida.


Las piedras colocadas sobre piedras
y encima de ese muro primitivo
algún olivo blanco.
No sé por qué será que ciertas cosas
que apenas dicen nada,
que bien analizadas no son cosas
dignas de nada,
causan sobre mi ánimo un influjo
de inextinguible paz.
Se diría que siento mis raíces
dentro de esos contornos depurados
que no son nada,
dentro de esa vejez
de una humildad tan firme
cual si una incitación muy familiar
me retuviera allí.
Algo como una voz que me dijera
de dentro de mí mismo :
esta fe encantadora
es la pobreza.



Juan Gil-Albert

lunes, 24 de enero de 2011

balada lenta de armónica


parece que el tiempo se expande un poco
se libera de la esclavitud en que lo tiene preso
el dólar nefando 

parece que la paciencia empieza a agotarse
y empezamos a hartarnos de la misma película
de la ridícula tensión en los preparativos
del continuo goteo de noticias

del afán de notoriedad
de la opinión pública
y su aliado el idiota de la alcachofa
y sus preguntas estúpidas de bombero

parece que en Túnez la barra de pan
vale realmente lo que cuesta
parece que el PP se adelanta
en la pamema de las urnas

parece que en los supermercados
alguien toca el violín con un abrigo andrajoso
en lugar del monótono hilo musical de la SGAE

parece que las parejas se besan 
con verdadera pasión
pues sus estómagos están vacíos
y se alimentan de una quimera

parece que los fuegos artificiales
son un insulto a la inteligencia
y la semana santa un carnaval de adoradores
del dólar nefando

parece que Obama
es el apóstol número trece
y Zapatero un ventrílocuo

todo esto se podría arreglar
si el señor que expende dólares

se parase un instante
a tocar la armónica

martes, 11 de enero de 2011

Aparatoso


    Este aparato es ligeramente más complicado que el de tirar de la cisterna, pero su función difiere ostensiblemente: mientras que la cisterna, nos libera de la mácula que alguna vez fue rico alimento, el levantalabios favorece la proliferación de la estulticia y la violencia, haciendo así muy difícil la convivencia. La mejor manera de acabar con tal descalabro, si bien no es la más correcta, consiste en propinar un fuerte puñetazo en los dientes, con lo que todo el sistema, se va al traste. Lo más que puede pasar, es que el levantalabios pierda aceite, antes de ser enviado al taller de reparación de máquinas antisociales, donde vivirá una segunda juventud, en compañía de expendedoras de tabaco (muy apreciadas, por la sensualidad de su voz), y quizá, de algún autómata inconformista, que arriesgó su vida en una encuesta. Se recogen firmas aquí, para abolir la estupidez en todas sus formas, excepto la mía , como es natural.


domingo, 14 de noviembre de 2010

DEL CULTO DE LOS LIBROS


   Otra vez en el ejercicio de esta vanidad de aprovecharme de unas líneas, en este caso de Jorge Luis Borges, en que se habla de aquel momento en que la tradición oral europea cedía su dominio a la palabra escrita:

                                              

   Cuenta san Agustín, en el libro VI de las Confesiones: "Cuando Ambrosio leía, pasaba la vista sobre las páginas penetrando su alma, en el sentido, sin proferir una palabra ni mover la lengua. Muchas veces- pues a nadie se le prohibía entrar, ni había costumbre de avisarle quién venía -, lo vimos leer calladamente y nunca de otro modo, y al cabo de un tiempo nos íbamos, conjeturando que aquel breve intervalo que se le concedía para reparar su espíritu, libre del tumulto de los negocios ajenos, no quería que se lo ocupasen en otra cosa, tal vez receloso de que un oyente, atento a las dificultades del texto, le pidiera la explicación de un pasaje oscuro o quisiera discutirlo con él, con lo que no pudiera leer tantos volúmenes como deseaba. Yo entiendo que leía de ese modo por conservar la voz, que se le tomaba con facilidad. En todo caso, cualquiera que fuese el propósito de tal hombre, ciertamente era bueno."

Otras inquisiciones.1952        Jorge Luis Borges

lunes, 4 de octubre de 2010

MURCIÉLAGO RUMBERO



 Por su pronunciación algodonada, los predicadores hicieron atractiva la maldad.
                                                                                Vicente Núñez



Canto al viento con la ventana cerrada
Fuera las hojas del naranjo que visita las horas              
Tiemblan mecidas por un siroco loco
Las plumas de la siesta vagan tristes
Han llovido aves de corral esta noche
Las últimas pavesas rojas de la tarde
Recuerdan aquél llanto sin dueño
Miro con luz de flauta la fuente
Cautiva de tus ojos                            eres un manantial perdido

Todo lo eterno es femenino, femenino infinito de indicativo...infinitivo 


Yo, mitad poeta, mitad perro, lamo estrellas vagabundas
No me interesan las coordenadas de las constelaciones

Pero sé que hay un orden rebelde
                          Un destino sin rumbo
                          Un futuro diseminado y libre
                          En este mundo donde las nubes
                          Cogidas con alfileres en un tablón
                          Amenazan tormenta 
                                                          
             Un desplome de plumas...
                                                                      
                    Con lágrimas de plomo


No me interesan las santas verdades de tu misa
Voy a tomarme un generoso sorbo de mercurio
Esta noche saldré a difundir quimeras por el aire
Y hacer un mosaico con alpiste de colores.
                                                               AL-JUARÍSMI                                                                                       


viernes, 1 de octubre de 2010

El Amor



Estaban al borde de un ribazo. Eran tres chopos jóvenes, el tronco fino, de un gris claro,erguido sobre el fondo pálido del cielo, y sus hojas blancas y verdes revolando en las ramas delgadas. El aire y la luz del paisaje realzaban aún más con su serena belleza la de aquellos tres árboles.
Yo iba con frecuencia a verlos. Me sentaba frente a ellos, cara al sol de mediodía, y mientras los contemplaba, poco a poco sentía cómo iba invadiéndome una especie de beatitud. Todo en derredor de ellos quedaba teñido, como si aquel paisaje fuera un pensamiento, de una tranquila hermosura clásica: la colina donde se erguían, la llanura que desde allí se divisaba, la hierba, el aire, la luz. 
Algún reloj, en la ciudad cercana, daba una hora. Todo era tan bello, en aquel silencio y soledad, que se me saltaban las lágrimas de admiración, de ternura. Mi efusión, concentrándose en torno a la clara silueta de los tres chopos, me llevaba hacia ellos, y como nadie aparecía por el campo, me acercaba confiado a su tronco y los abrazaba, para estrechar contra mi pecho un poco de su frescura y verde juventud.

                                                                  OCNOS  Luis Cernuda

viernes, 10 de septiembre de 2010

INSTINTO SELECTIVO de José Manuel Caballero Bonald


Acongojante falsedad de los recuerdos
que intempestivamente me visitan,
¿qué querrán, cómo habrán sobrevivido
durante tantos años,
hasta cuándo
desdeñarán mi turno de perplejo?

Son más bien como intrusos
que tratan de engañarme con historias
apócrifas, que fingen prevenirme
de las muchas disputas
que siempre han mantenido con mi felicidad.

También se profetiza lo que ya se ha vivido.


sábado, 14 de agosto de 2010

Insomnios, otra isla utópica.

                           
                             Arderá la oriflama podrida de los sueños
                             bajo la noche tenaz, vigilada por farolas decadentes,
                             estandarte optimista de la ilusión fingida;

                             Mientras la vida calla y duerme
                             arderá la materia incandescente, siempre,
                             sobre tu cuerpo incauto, y creerás que tus ojos, siguen abiertos...

                             El tiempo te pondrá un manto de sombras transparentes,
                             de señales perdidas en la memoria, de fantasmas,
                             un manto que no pese demasiado, una sabana blanca
                             de tímida pureza o ignorancia, de fuegos fatuos:

                             Algo rescataremos de esa maldita bruma incandescente
                             que sea voz, y memoria, de estos días...
                                    
                                               donde navega el mar, un velero de insomnios.




jueves, 5 de agosto de 2010

Louis Aragon Persona Pálida


                                Más mísero que las piedras
                               triste a más no poder
                               el hombre escuálido con el atril
                               hubiera querido aniquilarse.
                               Qué frío el viento penetra
                               en el lugar de las hojas muertas
                               cómo patear para ahuyentar el frío
                               con qué pie iniciar la semana.
                               Un silencio que nunca acaba
                               ni una palabra tierna para engañar al invierno
                               la sombra del alma del amigo
                               la escritura, tan sólo las señas.
                               Mi sangre daría una sola vuelta
                               los sonidos se perderían en el espacio
                               como dedos congelados.
                               Soy un patín abandonado en el hielo
                               traspasado por el amanecer.



miércoles, 28 de julio de 2010

Las Islas Wifi


¡ Cómo no ser dual, antes que fraile o cocinero !

El punto de partida es dual siempre, el fenómeno y su numen, la soledad sonora de la imagen evoca un mundo que pasó, pero puede retornar eternamente. Borges se inventa solo, en este fango iridiscente lleno de espejos que ahuyentan la duda del tiempo; mirando con su ceguera el orbe. Lo múltiple, entonces, impide la tiranía del ejemplo, de la barata muestra detallada de artículo vendible que tienen estas letras con estampa: iconocomentarios necronomicónicos isócronos, que parecen, como Jano, estar mirando en direcciones opuestas. Mejor ser dual, que ombligo en las Islas Wifi.

viernes, 16 de julio de 2010

El candelabro de los siete brazos.



Alef

     Cuando te veo, ¡oh corazón!, en medio de la gente, entre mujeres desfloradas y
amigos maduros, siento una lacrimosa ternura.
     ¡Oh corazón! Tú eres también entre ellos como una mujer desflorada y tú también
has perdido la blancura de tus mejillas y la pureza de tu juventud.
     Tú también tienes hoy una cara borrosa y un cuerpo fatigado; y entre los hombres
maduros reposas, ávido de paz.



Rafael Cansinos Assens

martes, 6 de julio de 2010

La demanda de ayuda colapsa los servicios sociales...

Parece ser que han aumentado los casos, y las peticiones por parte de los enfermos, son más complejas. No se sabe aún hasta qué punto están enfermos los enfermos, o si es una impostura, una argucia psicológica para distraer la atención de la Administración de Sanidad y colar de rondón en el despacho de la Señora Ministra, una reproducción de la Virgen del Rocío, conteniendo un kilo de amonal, sin mayúscula, pero con un peligro evidente de luctuoso suceso religioso y sangriento.  La mayonesa Musa, por otro lado, está contribuyendo silenciosamente a intoxicar a más de la mitad de la población, a cambio de unas participaciones en Bonos del Estado; ya se dan más citas para dentro de más de tres meses, o dicho de manera menos desesperada, para después del Verano; con mayúscula, para destacar los despliegues más sensuales de Venus, sobre todas las cosas, incluida la Economía: dos grandes valores de la sociedad en general.Estas cosas no pasan en Pekín, a pesar de la inmediatez de los mensajes, y la libertad de expresión,en Pekín suelen suceder enormes eventos consuetudinarios sobre el venerable pavimento de las avenidas y las plazas universales, donde la paloma deposita su herencia de rata voladora, en forma de granado chorrete en las charreteras de Mao-se-Tung, o Mao, a secas. 
 
 
La gente prefiere vivir castigada a ir al médico. Las plantillas laborales de los hospitales están engordando a marchas forzadas; ante la demanda exagerada de peticiones de casos extremos, están reforzando sus unidades, con ingestas inmoderadas de patatas fritas: los responsables políticos se preocupan sobremanera de tener las uñas muy limpias, mientras envían a sus hijos a estudiar en Bruselas alguna carrera de muy buen provecho.Nadie se quiere morir, y así llegará un momento en que no podrá irse a ninguna parte, y los aviones serán reconvertidos en galerias de arte, o en hospitales, claro: en algún hospital más, donde emigrar de vez en cuando, para seguir comprobando, el inmejorable aspecto de nuestra muerte, Amén.

                                           Sabor de barrio by Gato Pérez on Grooveshark

jueves, 24 de junio de 2010

AL DESCONTENTO, de Giordano Bruno



              
                                            Si el cínico diente te traspasa
                                            quéjate de ti mismo, bárbaro perro,
                                            que en vano me muestras tu bastón y tu espada
                                            si no te guardas de causar mi despecho.
                    
                                            Puesto que por camino equivocado
                                            viniste a mi directamente
                                            por eso tu piel desgarro y hago trizas.
                                            Y si después ocurre que mi cuerpo cae a tierra
                                            tu vituperio resta en diamante escrito.
                                                    
                                            No vayas desnudo a robar la miel a las abejas.
                                          
                                            No muerdas sin saber si es piedra o pan.
                                            No vayas descalzo a sembrar espinas.
                                            No desprecies, mosca, las telarañas.
                                            Si eres ratón, no sigas a las ranas.
                                            Huye de los zorros, sangre de gallina.
                                                    
                                            Y cree al Evangelio,
                                            que dice con buen celo:
                                            en nuestro campo cosecha penitencia
                                            quien en él lanzó semilla de errores.

                                                               La cena de las cenizas / Giordano Bruno



                                                    

martes, 11 de mayo de 2010

EL COCO, un cuento de Dino Buzzati







El ingeniero Roberto Paudi, director adjunto de la COMPRAX y asesor urbanístico, montó en cólera una noche al sorprender a la niñera Ester que, para calmar la perra del pequeño Franco, le decía:
-Mira que, como no te portes bien, esta noche viene el Coco. Según él, era intolerable que para educar a los niños se siguiera recurriendo a necias supersticiones que podían crear en la psique inmadura obsesiones lamentables. Le echó un sermón a la muchacha, que se fue llorando, y acostó  él mismo al chico, que en seguida se calmó.

Esa misma noche el Coco, levitando en el aire como tenía por costumbre, se presentó en la habitación donde el ingeniero Paudi dormía solo, causándole unos minutos de desasosiego. Como es sabido, el Coco adoptaba formas diversas según los países y las costumbres locales. En aquella ciudad tomaba, desde tiempo inmemorial, los rasgos de un gigantesco animal de color negruzco, cuya silueta andaba entre el hipopótamo y el tapir. Horrible a primera vista. Pero no bien se observaba con ojos imparciales, se percibía una expresión ni mucho menos malvada, por el pliegue indulgente de la boca y el centelleo casi afectuoso de las pupilas, minúsculas en proporción.
Por supuesto que, en circunstancias de cierta gravedad, sabía infundir miedo e incluso terror. Pero de ordinario llevaba a cabo sus cometidos con discreción. Acercándose a la camita del niño que hubiera de reprender, ni siquiera lo despertaba, se limitaba a penetrar en sus sueños dejando en ellos, eso sí, una huella imperecedera. De hecho, es bien sabido que hasta los sueños de los niños más pequeños tienen una capacidad ilimitada y acogen sin problemas incluso bestiones mastodónticos como el Coco, que pueden llevar a cabo cuantas maniobras requiera la ocasión con total libertad.

Naturalmente, cuando se le aparecía al ingeniero Paudi, aquella remota criatura no mostraba un semblante demasiado afable, adoptando incluso la fisonomía, agigantada por supuesto, del profesor Gallurio, nombrado hacía dos meses interventor extraordinario de la COMPRAX, sociedad que estaba navegando en aguas procelosas. Y este profesor Gallurio, hombre severísimo si no directamente intratable, era precisamente la bestia negra de Paudi, cuya eminente posición podía correr riesgos considerables con la empresa intervenida.
Paudi, despertándose en un sudario de frío sudor, tuvo tiempo de percatarse de cómo el visitante se largaba a través de la pared (por la ventana no hubiera cabido semejante mole), mostrándole la monumental cúpula de sus posaderas. A la mañana siguiente Paudi se cuidó mucho de disculparse con la pobre Ester. Haber comprobado personalmente que el Coco existía de verdad aumentaba si cabe, además de su desdén, la firme determinación de hacer todo lo posible para quitarse de en medio a aquel tipo.
En los dias siguientes, en tono de broma como es natural, anduvo tanteando el terreno con su mujer, sus amigos y sus colaboradores. Y se quedó asombrado al enterarse de que la existencia del Coco solía aceptarse por lo general como un fenómeno normal de la naturaleza, igual que la lluvia, los terremotos, o el arco iris. Sólo el doctor Gemonio, del departamento jurídico, pareció haberse caído del guindo: sí, de pequeño había oido hablar vagamente de esa cosa, pero después había llegado al convencimiento de que era un cuento tosco sin fundamento.
Como si intuyese su hosca aversión, a partir de entonces el Coco comenzó a visitar con notable asiduidad al ingeniero, siempre con la desagradable máscara del profesor Gallurio, haciéndole muecas, tirándole de los pies, sacudiéndole la cama, una noche llegó incluso al extremo de ponérsele en cuclillas sobre el pecho y por poco lo ahoga.
Así que no tiene nada de sorprendente que Paudi, en la siguente reunión del Consejo Municipal, hablara de él a un colega: ¿ se podía consentir, en una metrópoli orgullosa de estar a la vanguardia, que se perpetuara una indecencia semejante, digna de la Edad Media ? ¿ No había llegado el momento de tomar   medidas de una vez, con métodos resolutivos ? Primero fueron fugaces pourparlers de pasillo, un informal intercambio de puntos de vista. Muy pronto, el prestigio de que gozaba el ingenierio Paudi les dió pábulo. No habían pasado dos meses cuando el problema se llevó al Consejo Municipal. Ni que decir tiene que, por no hacer el ridículo, en el orden del día no se mencionaba una palabra sobre el Coco, excepto en el apartado 5, donde se aludía a "Un deplorable factor que alteraba la calma nocturna de la ciudad".
Contrariamente a lo que Paudi esperaba, no sólo todo el mundo se tomó el tema en serio sino que su tesis, por obvia que pudiera parecer, topó con una viva oposición. Se alzaron voces defendiendo tan pintoresca cuanto inofensiva tradición perdida en la noche de los tiempos, subrayando la total inocuidad del monstruo nocturno, por lo demás del todo silencioso, y resaltando los beneficios educativos de su presencia. Hubo quien habló incluso de un " atentado al patrimonio cultural de la ciudad " en caso de recurrirse a medidas represivas; y el orador recibió una salva de aplausos.
Por otro lado, en cuanto al debate de fondo, al final prevalecieron los argumentos irresistibles de quienes demasiado a menudo recurren al así llamado progreso para desmantelar los últimos baluartes del misterio. Se acusó al Coco de dejar una malsana impronta en las almas infantiles, de suscitar a veces pesadillas contrarias a los principios de la correcta pedagogía. Se pusieron sobre el tapete incluso motivos de higiene: sí, es cierto, el mastodonte nocturno no ensuciaba la ciudad ni esparcía excrementos de ningún tipo, pero ¿ quién podía garantizar que no fuera portador de gérmenes o virus? Tampoco se sabía nada sobre su credo político: ¿Cómo descartar que sus incitaciones, en apariencia elementales cuando no zafias, no ocultaran insidias subversivas?

El debate, al que no se habían admitido periodistas dada la delicadeza del tema, terminó pasadas las dos de la madrugada. La propuesta de Paudi fue aprobada por una exigua mayoría de cinco votos. En cuanto a a su aplicación práctica, se nombró la pertinente comisión de expertos, cuyo presidente era el propio Paudi. Ahora bien, una cosa era proclamar el ostracismo del Coco y otra lograr eliminarlo. Estaba claro que no se podía depositar la confianza en la disciplina de los ciudadanos, menos aún cuando se dudaba de que fueran capaces de entender su lengua. Ni se podía pensar en capturarlo y llevarlo al zoo municipal: ¿qué jaula hubiera retenido a un animal, si es que era animal, capaz de volar atravesando las paredes? También hubo que descartar el veneno: nunca se había visto al Coco en el acto de comer o beber. ¿ El lanzallamas entonces? ¿Una pequeña bomba de napalm? El riesgo para aquella pequeña ciudad era excesivo. En suma, la solución,
si no imposible, se presentaba bastante problemática. Cuando Paudi ya creía que se le iba de las manos su anhelada victoria, le asaltó una duda: cierto que se desconocían la composición química y la estructura física del Coco pero, como sucede con muchas criaturas inscritas en el censo de las leyendas, ¿ acaso no podía ser mucho más débil y vulnerable de cuanto pudiera suponerse? Quién sabe, quizá bastara con una simple bala en el punto justo y se habría hecho justicia.
Las fuerzas de seguridad, tras la deliberación del consejo Municipal refrendada por el alcalde, no podían sino colaborar. Se instituyó una patrulla especial dentro de la Brigada Móvil, dotada de veloces vehículos comunicados por radio. El asunto fue sencillo. Sólo hubo una circunstancia extraña: cierta renuencia por parte de los suboficiales y agentes a participar en la batida; ¿era miedo?, ¿era el temor oscuro de cruzar una puerta prohibida?, ¿o era simplemente un nostálgico apego a ciertos recuerdos inquietantes de la infancia?
 El encuentro ocurrió una fría noche de luna llena. La patrulla, apostada en un rincón oscuro de la plaza del Cinquecento, avistó al vagabundo planeando plácidamente a unos treinta metros de altura, como un irresponsable jovenzuelo. Los agentes, apuntando con las metralletas, avanzaron. Alrededor, ni un alma. el breve crepitar de las ráfagas restalló, de eco en eco, en la lejanía. Fué una escena estrambótica. El Coco giró lentamente sobre sí mismo sin un estremecimiento y, con las patas en alto, fue bajando hasta posarse en la nieve. Allí quedó tendido boca arriba, inmóvil para siempre. La luz de la luna se reflejaba sobre el vientre enorme y tenso, brillante como gutapercha. "Una cosa que preferiría no volver a ver otra vez", dijo el cabo Onofrio Cottafavi. Increíblemente,  bajo la víctima se extendió una mancha de sangre, negra a la luz de la luna.
Inmediatamente se llamó por teléfono a los del vertedero para la retirada de los despojos. No llegaron a tiempo. En unos cuantos minutos el gigantesco individuo se encogió a ojos vistas, igual que los globos pinchados, se redujo a una pobre larva, se convirtió en un gusanito negro sobre el blanco de la nieve, hasta que también el gusanito desapareció, disolviéndose en la nada. Sólo quedó la infame mancha de sangre que antes del alba las mangueras de los barrenderos habían borrado.


Se dijo que en el cielo, mientras la criatura moría, resplandeció no una luna sino dos.
Se contó que aves nocturnas y perros no dejaron de proferir lamentos por toda la ciudad.
Corrió la voz de que muchas mujeres, viejos y niños, despertados por una oscura llamada, salieron de las casas, arrodillándose y rezando por el infeliz. Nada de esto está probado históricamente.
De hecho, la luna prosiguió sin dar tumbos su viaje marcado por la astronomía, las horas se sucedieron con regularidad una tras otra y todos los niños del mundo siguieron durmiendo plácidamente, sin imaginar que su ridículo amigo-enemigo se había ido para siempre.
Era mucho más delicado y tierno de cuanto se pudiera creer. Estaba hecho de esa materia impalpable que vulgarmente llamamos fábula o ilusión y que es verdad.
Galopa, huye, galopa, superviviente fantasía. Ávido por exterminarte, el mundo civilizado no ceja en su acoso, nunca jamás te dará tregua.


jueves, 6 de mayo de 2010

Fabliau del encuentro.




Y abriría la puerta y tú estarías allí,
como el árbol, sin saberlo.
Y diría palabras que no son mármol,
ni tampoco melancolía.
Y de ti quedaría, como en el vaso,
el olor de la rosa,
sus pestañas profundas de belleza abisal
como las esmeraldas,
el fulgor de lejanas estrellas que como agua
relumbran y seducen.
Dicen que no puede ser más, vibrar de palmas,
ojos, susurrar de yerba,
pero basta un dardo, no hay defensa,
lo demás es solo saber
que tú puedes llamas y sol y cáliz de pétalos
en el calor de la noche.
Toma en tu casco toda la luna que puedas,
hasta el beso,y oscurece, oscurece tu lenguaje.
Y de ti quedaría, como en el vaso, no las
palabras, sino el olor de la rosa.

Luis Antonio de Villena

martes, 4 de mayo de 2010

Noema de búho




Cierro la puerta
Abro tranquilo
La casa viva que arde en mi ser
Mi ser autónomo que necesita
Sociales átomos de energía humana

Es marrana condición comer aparte
Por muy seductor que aparezca
El restaurante 
Dejo de hablar
No tengo hambre
Me hablan las truchas
Cuentan noticias
De un verano aún más bello que el anterior

Tengo el alma pixelizada
Con cromos que huelen a alcanfor
Asistí a la existencia de una boda
En que un búho era invitado de honor

Por eso digo que escampa la mentira
Quedando ya pulido el pavimento verdadero
En que habrá de llorar alguna vez bastante
Este cielo azul rampante en que soñamos
Olvidando quizá sólo alguna tilde
Que ya corregirá el ordenador

Quiero comprar la más pequeña cafetera del mundo
Para beberlo con mi colección de canarios cantores
Comprarla pagándole con besos a una chinita
Deliciosa y tímida chinita de un metro y sesenta centímetros
Y medio y copa y vino y blanco y fideos y pelos y fideuás y pelucas
Toda esa mole barata de ingentes tragaldabas está en el supermercado
Comprando ambientador para lechos nupciales con olor a macho cabrío

Horror seminal en el supermercado
Prefiero huir a Madagascar
Convertirme en lémur o en un Lope de Vega

Quedaría por fin inaugurada la porno-poesía
Sería el fin por fin de la poesía realista de imágenes votivas
Agotando irremisiblemente un río de pelo blanco y huesos carcomidos

No sabiendo qué es peor no se puede hacer poesía, me retiro de la letra
Ya este verso afrancesado se prolonga en cada línea agotador.

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