Si cuento algo relacionado con escuchar un blues tocado, en concreto, por el saxo barítono Pepper Adams, estaría plagiando de mala manera a Córtazar. Como decía Cervantes en el prólogo del Quijote; para qué andarse tomando prestado de otros lo que sé hacer por mí mismo. De todas maneras, cuando escucho un blues por Pepper Adams o quien sea, me da una ternura como de querer abrazar al primer borracho que vaya por la calle, con paso de contrabajo viejo y húmedo, paseando sus tristes notas de color. El pensamiento abstracto, por seguir con Cortazár, tiene esas cosas: con Cortázar, o con Russell, donde quiera que lleven la tilde en el apellido.
Pensar en abstracto es muy saludable, porque nos ayuda a percibir esas importantísimas sutilezas que el pensamiento dedicado, pongamos por caso, a la cría del cangrejo, descarta por puro sentido práctico. La gran lección a la humanidad de parte de nuestro amigo el semáforo es que hay que esperar a que el pensamiento se ponga en verde para lanzarse al abstracto paso de cebra con una cierta seguridad de que no desapareceremos en el intento.
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| Colaje de Francisco Marcos |





































