viernes, 8 de mayo de 2015

EL REPETIDO TEDIO DE LOS VIAJES, de Fernando Sorrentino (Capítulo 2)



2. Mistificaciones

Durante diez años repetí idéntico viaje. Me sentía seguro y tranquilo, pero el reiterado trayecto comenzaba a aburrirme. Pensé: "La jornada se hace tediosa, pero no hay manera de modificarla: sobre este punto no hay discusión posible. Tantos viajes iguales son excesivos para un solo viajero, pero no lo serán en la misma medida para viajeros distintos. Multiplicaré entonces mis personalidades".
   Creo haber dicho que soy una persona sedentaria; aún no he declarado que también soy tímido, recatado y sensato. Tendría forzosamente que asumir un carácter audaz, petulante y alocado.
   Mi iniciación fue sencilla. un lunes 1.º de abril viajé sin boleto. El guarda -un individuo caricatural, parecido al actor norteamericano Ben Turpin- extrajo, con la fría determinación que da el cumplimiento del deber, un talonario, para cobrarme una multa de quinientos pesos. Ante su sorpresa, expuse incoherentes y confusos argumentos, cuya conclusión era la de que, en modo alguno, estaba dispuesto a pagar la multa. Turpin -azorado, indignado- insistía con correctas razones que reconocían como fuente el reglamento ferroviario. Apelé entonces a un recurso extremo. A la altura de la calle Córdoba saqué una pierna por la ventanilla, fingiendo que, en mi desesperación, iba a arrojarme del tren en marcha. Una señora gritó y se cubrió el rostro con las manos. El guarda, ayudado por varios pasajeros, venció mi falsa resistencia y me volvió bruscamente a mi asiento. Comprendí que el triunfo era mío: en medio de la silenciosa expectativa de los circunstantes, declaré con voz trémula que, si no tenía dinero para pagar el boleto, mucho menos para el importe de la multa. Casi sin dejarme terminar la frase, un señor canoso, de anteojos, se ofreció a solventar mi multa, al tiempo que extraía su billetera con tanta precipitación, que de su bolsillo interior salieron disparados dos lápices. ¡Nunca lo hubiera hecho! Furioso, me enfrenté con él y le grité en las narices, lanzando una nube de saliva voladora, que no admitía limosnas de un anteojudo. Las sonrisas iluminaron más de un rostro: el señor canoso enrojeció y, muerto de vergüenza, cambió de vagón. Turpin estaba desorientado; finalmente, dada mi peligrosidad, optó por contemporizar, aunque bien se veía que la transgresión del reglamento ferroviario, que él había convalidado, le reprochaba agriamente a su conciencia. Apelando a esos modales exquisitos e infantiles con que se intenta volver a la sensatez a un niño encaprichado, me invitó, en una especie de media lengua pueril, a que descendiera en Chacarita y tomara una Coca Cola, para lo cual me regaló cien pesos, que acepté con brusco ademán y torva mirada. Bajé, en efecto, amenazándolo con el puño. Y permanecí así, en actitud desafiante, hasta que el tren volvió a ponerse en marcha. A tal extremo me había ensoberbecido mi victoria, que me pareció que el tren se alejaba con más prisa que de costumbre, como si huyese poseído por el pavor. Con los cien pesos que me había regalado Turpin, saqué pasaje hasta El Palomar. Viajé con todo juicio en el tren siguiente. Llegué al colegio de extremado buen humor y relaté con éxito varios chistes ligeramente pornográficos en la sala de profesores. 

   Al otro día viajé a la misma hora. En esta ocasión, consideré meritorio sentarme en el suelo, ocupando transversalmente el pasillo. Los pasajeros, al advertir mis fingidos ojos extraviados, pasaban con sumo cuidado sobre mí, alzando ostentosamente los pies y dando pasos de jirafa para no pisarme. Sin duda, ése era el horario en que Turpin ejercía sus funciones. Al verme, palideció. Era evidente que no quería tener ningún tipo de contacto conmigo. Inclusive hizo un amago de volverse por donde había venido. Pero ya tenía bastantes tribulaciones con los remordimientos del día anterior. Se impuso su sentido del deber. Con un visible esfuerzo, sacó fuerzas de flaqueza y, dispuesto a todo, penetró en el vagón y empezó a requerir los pasajes. Sin embargo, la lentitud con que se demoraba en leer puntillosamente cada boleto era un claro indicio de que deseaba diferir hasta el infinito el ingrato momento de enfrentarse conmigo. Turpin cambió palabras amables con las damas, proporcionó copiosos informes a caballeros que no le habían preguntado nada, acarició a un niño y le permitió, como gran concesión, juguetear con su inalienable maquinita de control. Al fin llegó el instante en que una nueva demora, aunque fuera la más pequeña, la más insignificante, caería ya dentro de lo insólito y aun de lo sospechoso. Entonces, tras una profunda inspiración, con voz perceptible y neutra -como si no me conociera- me solicitó el boleto, sin hacer alusión alguna al sitio que yo ocupaba. Y yo, con un aire magnánimo que, sin embargo, no dejaba trasuntar ninguna expresión triunfal, con un gesto digno de quien se halla más allá del bien y del mal, metí dos dedos en el bolsillo y le entregué el boleto. 

   Alentado por los dos rotundos éxitos obtenidos, continué realizando cosas extrañas y, dentro de todo, inofensivas.
   Un día viajé sentado en el respaldo del asiento. Otro, entoné los primeros versos de la Eneida de Publio Virgilio Marón, adaptándolos hábilmente a la melodía de La Cumparsita de Gerardo Matos Rodríguez. Estas actitudes, que no tenían otro alcance que el de llamar momentáneamente la atención de los pasajeros, no me satisfacían del todo. El artista que latía en mí aspiraba a una obra maestra. Día y noche me devanaba los sesos tratando de componer una mistificación inolvidable.
   Entré así en un periodo de esterilidad, en el que no se me ocurría ninguna buena idea. En estas meditaciones, se me pasaron cinco años. Al fin, acabé por resignarme a mi hado de artista mediocre; acabé por viajar como una persona cualquiera, como una persona no tocada por el genio de la creación. La suerte era injusta conmigo: me sucedía como a esos grandes narradores y poetas argentinos de torrenciales barbas e imponentes anteojos que, a pesar de poseer todas las cualidades necesarias para ejercer con eficacia la poesía y el relato del siglo XX  (falta de imaginación, ansias de publicidad, hermafroditismo, adhesión a regímenes políticos sumamente evolucionados de la Europa oriental, desprecio por la ortografía, ignorancia de las leyes métricas, desconocimiento de la lógica y de la sintáxis, sólida incultura), no lograban -increíblemente- superar la más displicente de las páginas de Jorge Luis Borges. 

   Hasta que llegó un día en que la inspiración -cuando menos la esperaba- descendió sobre mí. Y descendió con tal fuerza que me hizo colmar toda medida, hasta el punto de que ésa fue mi última mistificación.
   Ese día -un 1.º de abril-, sereno el espíritu y clara la mente, libre de ambiciones desmesuradas, sabiamente resignado a mi sino, viajaba, como de costumbre, hacia El Palomar. Lo hacía correctamente. Para coronar mi circunspección leía con atento semblante un artículo de las Selecciones del Reader's Digest, que describía en vibrante estilo las tribulaciones sufridas por un granjero de Prescott (Arizona), cuyas ovejas, otrora mansas y amigables, habiendo sido atacadas por una especie desconocida de murciélagos hidrófobos, se volvían, minuto a minuto, más hostiles y taciturnas. Llevado por la magia del relato, yo no cabía en mí de mi indignación contra esos multiplicados murciélagos que tan inicuamente turbaban la paz del granjero de Arizona. Sólo quería que me dieran un arma y allá partiría yo, hasta la misma Arizona, a matar murciélagos: hasta tal punto me había ganado la buena causa del granjero, que inclusive hice unos movimientos con el índice, como si ya estuviera disparando mi rifle sobre innúmeros murciélagos. Afortunadamente, mi colaboración no era ya necesaria. La fuerza de voluntad del granjero, de su esposa y de sus siete hijos, aunada a un inquebrantable espíritu combativo y a una fe sin límites en el apoyo que las ovejas brindaban a su lucha, que era también la lucha de las propias ovejas, habían culminado en una concluyente y definitiva victoria sobre los murciélagos, quienes quedaron tan maltrechos y destrozados, que al autor del artículo podía decir sin hipérbole que "aquél había sido el más grande triunfo nunca jamás alcanzado por un granjero de Arizona sobre los murciélagos en muchos años".
   Radiante de alegría ante el triunfo del Bien, cerré el volumen, e, impulsado por una súbita elocuencia, me puse de pie, gritando:
   -¡Caras limpias, almas higiénicas!
   A este estentóreo conjuro, los pasajeros sufrieron un sobresalto. Sin darles tiempo para el menor movimiento defensivo, viendo en ellos una hipóstasis de los aborrecibles murciélagos, empecé a arrebatarles los cigarrillos, cartapacios, anteojos, diarios y revistas que, en distintos grados, exornaban sus personas. Frenéticamente arrojaba todos estos objetos a través de las ventanillas del tren. Todo sucedió en pocos segundos. Sobrevino un escándalo difícil de describir y fácil de imaginar. Un gurrumino de bigotitos, que no pesaría cincuenta kilos, me pegó un puñetazo imperceptible en el estómago. Entonces, simulando un ataque de nervios, le repliqué con anárquicas patadas, de las cuales sólo la primera -que lo arrojó a considerable distancia- fue necesaria, y siempre sin dejar de gritar mi enigmático estribillo:
   - ¡Caras limpias, almas higiénicas!
   En términos generales, las mujeres aullaban; los hombres menos civilizados pretendían imponerse por la violencia; los más legalistas citaban de viva voz párrafos de la Constitución; algún escéptico -que nunca falta- sonreía irónicamente. En medio de ese pandemonio, me sentí férreamente inmovilizado: dos agentes de policía me sujetaban de los brazos con una fuerza que hubiera resultado excesiva para sofrenar los ímpetus de un elefante en celo.
   En la comisaría 45 me recibieron con las puertas abiertas de par en par. En seguida me di cuenta de que lo mejor era adoptar la personalidad de un loco pacífico. Contesté las preguntas con respeto, con vaguedad, con incoherencia. En un momento dado, me eché a llorar sobre el pecho de un fornido sargento. A la mañana siguiente, tras una severa amonestación del propio jefe de la sección, me dejaron en libertad.
   Como mis reacciones se estaban volviendo imprevisibles hasta para mí, no consideré conveniente regresar a casa en tren. En medio de la alegría de un sol radiante de otoño, tomé el colectivo 108. Me repantingué en un asiento con felicidad y me puse a reír entre dientes al imaginarme la densa caravana de damas y caballeros que habría recorrido las vías, desde Sáenz Peña hasta Devoto, en busca de, digamos, de sus objetos personales.

Del libro Imperios y servidumbres, Seix Barral / Nueva Narrativas Hispánica


jueves, 7 de mayo de 2015

EL REPETIDO TEDIO DE LOS VIAJES, de Fernando Sorrentino (Capítulo 1)

       
El repetido tedio de los viajes puede causar cambios bastante significativos, aun en la personalidad más gris e imperceptible: por ejemplo, la mía.

1. El viajero frustrado

No tuve la suerte de ejercer la docencia en un colegio cercano a mi domicilio. Me tocó empezar en una Schule germánica de la vecina localidad de El Palomar.
   Supe que, para trasladarme hasta allá, debería viajar en tren. Esto tiene un encanto del que carecen los colectivos y el omnibús. Yo, por lo menos, lo creo así. Desde muy chico he considerado que locomotoras, vagones, vías, cambios, empalmes, ramales, estaciones, señales eran bellos objetos dignos de interminable interés. Sin embargo, mi placer añoraba las antiguas, negras, imponentes locomotoras de vapor, ahora casi totalmente reemplazadas por unas asépticas y cuadradas máquinas diesel, pintadas con los colores de la bandera española. El agrado de viajar en tren atemperaba, en parte, el disgusto que a mí -un individuo de hábitos indiscutiblemente sedentarios- me causaba la obligación de someterme a ese largo itinerario.
   Menos mal que yo vivía a pocas cuadras del puente del Pacífico. Tomaba el tren en la estación Palermo. Averigüé que con esa línea -el ferrocarril San Martín- era posible llegar, por ejemplo, hasta San Juan. Entonces consulté la guía Peuser y experimenté una suerte de vértigo al enterarme que entre Buenos Aires y San Juan mediaban ¡1.200 kilómetros!

   Herido en mi amor propio por mi pusilanimidad, con voluntariosa audacia me hice el propósito de realizar el viaje a San Juan. Establecí diversas fechas para mi partida y luego, indefectiblemente, las diferí. En estas dudas, se me pasaron seis años. Por fin, con íntimo dolor, admití que no me atrevería a hacer el desaforado viaje.
   Es que yo me había acostumbrado ya a un viaje de la siguientes características. Al subir al tren en Palermo, conocía de antemano el orden en que se sucederían las estaciones: Chacarita, La Paternal, Villa del Parque, Devoto, Sáenz Peña, Santos Lugares, Caseros, El Palomar. Aquí descendía, caminaba unas pocas y frescas cuadras sombreadas de eucaliptos fragantes y llegaba al colegio. Nada podía ser más sencillo. En casa, si quería, cerraba los ojos y recuperaba perfectamente los detalles de cada estación. Pero -me preguntaba-, ¿podría acaso soportar la vista de estaciones desconocidas? Estaciones llamadas Derqui o Cabred, por ejemplo, ¿no contendrían elementos atrozmente inolvidables?
   Me reproché mi cobardía: yo habría de llegar a San Juan. Pensé que sería más fácil hacerlo gradualmente. Un día viajaría hasta Húrlingham; el siguiente, hasta Morris; el tercero, hasta Riccheri...De este modo podría ir habituando mi sistema nervioso a la vista de parajes ignorados. Calculé que, al cabo de unos cuatro o cinco años, me permitiría, sin duda, cumplir mi sueño de llegar a San Juan.
   Señalé un lunes 1º de abril para poner en práctica mi invención. Si mis cálculos eran correctos, a más tardar el 6 de abril conocería la estación José C. Paz.
   Saqué, pues, boleto hasta Húrlingham; subí al tren (no creo que los pasajeros hayan advertido mi emoción); vi transcurrir las conocidas estaciones. "Todo marcha bien", me dije en El Palomar, pero, cuando el tren abandonó la estación, deploré mi imprudencia.. En Húrlingham, literalmente me arrojé al andén antes de que el tren hubiera detenido su marcha por completo. Regresé a Buenos Aires temblando. Desde entonces, mi excluyente itinerario es Palermo-El Palomar y El Palomar-Palermo. He comprendido que no tengo nada que hacer en Húrlingham. Y mucho menos en San Juan.

                    Del libro Imperios y servidumbres




miércoles, 6 de mayo de 2015

POEMAS ANÓNIMOS, de Mendigo Diego


                                    A ras de ojos
                                    En las copas de los árboles
                                    Tu vientre el vino trémulo
                                    La fe sin esperanza
                                    Extirpaba palabras
                                    Su rumbo el mismo
                                    Que el de un niño
                                    Sin globo que pierde bicicleta
                                    Musaraña astrolabio tahalí
                                    Añagaza afluente gavilán
                                    Periscopio pirámide fénix
                                    Palabras a ras de ojos
                                    En las copas de los árboles
                                    Los pedros que se fueron
                                    O los que no vinieron
                                    La hierba ensangrentada
                                    Las comas que faltaron
                                    Las que no se pusieron
                                    El silencio en su papel de muerto
                                    La alegría callada en tus ojos
                                    A veces
                                    Las sillas tan vacías
                                    El imposible olvido


Marc Eemans. The Waders of the Philosopher. 1928



martes, 5 de mayo de 2015

SEMBLANZA PERSONAL EN EL BLOG ESCRITORES RECÓNDITOS


Dibujo de Antonio Beneyto
   

    Son ya más de tres años cultivando la amistad de Francesc Cornadó, arquitecto y poeta barcelonés, que tuve la oportunidad de conocer personalmente en junio del año pasado, junto a Miquel Cartisano. Estos dos amigos, de manera generosa y abierta, trabajan en la difusión de la obra de escritores de Barcelona y otros puntos del orbe, y han tenido la gentileza de incluirme en la nómina variada e interesante del blog ESCRITORES RECÓNDITOS.


          Semblanza en Escritores Recónditos, clicando aquí.






sábado, 2 de mayo de 2015

SAUDADE


                      En el plano tangible
                      de los hechos,
                      sigo viendo pasar mi vida
                      delante de tu espejo.
                      Hasta que estos ojos
                      dejen de ser ya
                      labios que te llaman
                      en silencio:
                      sin respuestas.

                      


miércoles, 29 de abril de 2015

CAVE CANEM, de Alfonso Brezmes



     Si cuando vuelvas nada de esto queda,
     repróchate no haber sabido darme
     las simples cosas que se dan a un perro:
     el roce de unas llaves en la noche;
     el leve olor que anuncia una presencia.

         Del libro, La noche tatuada (2013)


   


lunes, 27 de abril de 2015

PRESENTACIÓN DEL LIBRO TÁCTICAS DE PAYASO


El viernes 24 de abril de 2015, en la Casa del Lector de Madrid, la Editorial Tigres de Papel presentó mi primer libro, "Tácticas de payaso". El maestro de ceremonias fue el poeta madrileño Alfonso Brezmes.

   



domingo, 26 de abril de 2015

CRIMEN PERFECTO


                                                                            Asesina
                                                                    por
                                                  la espalda
                                    tu agenda.






lunes, 20 de abril de 2015

POEMAS ANÓNIMOS, de Mendigo Diego


                        a esta parva hora
                        igual que siempre 
                        la vida se desvive con la muerte
                        los pianos se ahogan 
                        y no tienen remedio las canciones

                        alguien dibujará en las sábanas
                        con la sangre de sus antepasados
                        una rosa anónima 
                        como el viento que criba
                        la mies enardecida de los sueños







sábado, 18 de abril de 2015

FE DE CARBONERO



                                    No estaba claro
                                                                     si merecía
                                    el papel
                                                                    de protagonista o
                                    era
                                                                    un actor secundario
                                    de su propia vida.






jueves, 16 de abril de 2015

GENTUZA DE LO PEOR: Gracias hipotéticas, de Juan Filloy


Frecuentamos con mi mujer el «Restaurant APICIUS» de la calle Arroyo. El ambiente es de suma distinción y su exquisito menú de suma...y sigue. Antenoche, al abonar mi cuenta a la cajera, tal vez obsesionada por el monto que debía devolverme del billete de cien mil australes que le di, me cobró equivocadamente sólo 25.000 australes. Noté que me daba de más y me callé. Un caballero debe serlo en todo sentido, menos en pasar por sonso. Lo son los infelices que devuelven dinero hallado o enviado por la suerte o la benevolencia de los dioses. Por eso, el cinismo sabotea con fruición a la honradez y al diez por ciento que es la tarifa legal de los sonsos que devuelven dinero¡esa bienandanza! Lógico: yo me distraje y embolsé tranquilamente el exceso en mi cartera.
   Al hacer el balance de esa noche, la cajera constató que le faltaban 75.000. En el respingo que dio casi se le saltaron los ojos. Después, una desesperación llorosa le abatió y la acompañó compungidamente hasta regresar a su casa.   Por cierto, no pudo dormir. Era mucha plata para ella y un patrón implacable. Presa de un terrible insomnio, su mortificación no tuvo respiro. Nada pudo librarla de él. Recién al amanecer, entre la madeja de recuerdos, destacó uno. Entre los clientes que habían pagado la adición con billetes grandes, recordó a un señor bien puesto con una damita frutal al lado. A lo mejor era el beneficiario al darle el vuelto. Y como quien se agarra a una tabla de salvación, la imagen de la pareja se afirmó en su memoria.  Era la quinta o sexta vez que cenábamos en el Restaurant Apicius. Al entregarle nuestra factura a la cajera, advertí una especie de suspenso en su tarea y seguida de una rapidísima inspección a nosotros.   Y con voz velada por la emoción, me explicó:
   -Disculpe, señor. Noches pasadas, el martes exactamente, al abonarme la consumición, le di de vuelto precisamente la suma que debí cobrarle.Ni me inmuté. Todo caballero expone las cosas apaciblemente.Manifesté por consiguiente sin responder:  -Señora, yo soy argentino. No tengo nada de genovés, francés o escocés; vale decir de esos tipos que cuentan minuciosamente el vuelto. Cuando voy al banco a cobrar un cheque, no compruebo la cantidad que me da el empleado. Lo mismo, cuando me dan el vuelto en el restaurant o un comercio cualquiera. Supongo que me entregan correctamente lo que me corresponde. Por tanto tengo la convicción legal de que usted me entregó lo justo. Ahora bien, en el supuesto caso de que usted me entregó de más, sólo me resta darle las gracias. Graciashipotéticas, por cierto... 
 
del libro, GENTUZA

Colaje de Juan Oficio



domingo, 12 de abril de 2015

RAZÓN COMÚN



                             Mi casa es el hombre
                            su corazón que sangra
                            sobre el abismo inútil.

                            Mis ojos son el hombre
                            vueltos al mar tan grave
                            en la jornada eterna.

                            Mi soledad es el hombre
                            la duda entreverada
                            con la certeza insomne.

                            Mi razón es el hombre
                            comido por la pústula
                            de su infinita culpa.

                            Yo me parezco a él
                            cuando me dejan,
                            cuando me acusan
                            de ser un nombre vacío
                            representado torpemente
                            por una digna torre de huesos
                            sujetos con tendones y con músculos.

                            A veces yo soy él, cuando es posible.
                            A veces le echo cara y soy un hombre.




Fotografía de Luis Camintzer

viernes, 10 de abril de 2015

LA LECTURA IMPRESCINDIBLE


     

       Una señorita muy culta con gafas de pasta que visita una ciudad encantadora se aproxima al escaparate de una librería elegantísima para comprobar si no se ha pasado un poco con el lápiz de ojos, pero llama su atención un libro que se titula "All you need is book", porque en ese momento el encargado del establecimiento retira el ejemplar en exposición delante de su pizpireta nariz. Ilusionada y nerviosa entra decidida a comprarlo pero ya es tarde. Sólo quedaba el ejemplar del escaparate. Alguien lo compró en la página web de la librería y lo están embalando ante la mirada atónita de la encantadora señorita. Se trata de una edición limitada de tan solo treinta ejemplares. El librito relata la historia de una señorita muy culta con gafas que pierde la oportunidad de comprar un libro, pero, al volver del viaje y entrar a su casa, encuentra sobre la mesa el ejemplar que creía perdido: colocado allí por su novio. Pero este tipo de cosas solo ocurren en los libros. La señorita muy culta volvió de su viaje y, cansada, se tumbó en el sofá, donde poco a poco, inmersa en un letargo reconfortante, se fue transformando en un pez unicornio con caracola. Lo cual demuestra que no hay lecturas imprescindibles, o bien son una tomadura de sofá.


Ilustración de Edward Gorey




martes, 7 de abril de 2015

CANÇÃO EM QUATRO SONETOS, de Helberto Helder


Soneto 2


                   Tantos nomes que não há para dizer o silêncio -
                   a combustão interior do tempo;
                   uma maçã cortada, uma pomba de éter:
                   o pensamento.
                   Não te chames mais, adolescente
                   comendo uvas negras.
                   Abres a camisa em que escutas todas as mãos do
                   [ vento.
                   E vês atrás de ti as máquinas resolutas
                   de fabricar as formas rápidas,
                   e convulsas, do esquecimento.
                   Isto no ar há de ficar como frio limpo.
                   O meu nome parou diante
                   do instante mortal que o guardara.
                   Evapora-se a roupa, mas não sinto.
                                                                  De Cinco Canções Lacunares (1965-1968)

                                                      *

                   Tantos nombres que faltan para decir el silencio-
                   la combustión interna del tiempo;
                   una manzana cortada, una paloma de éter:
                   el pensamiento.
                   No te llames más, adolescente
                   comiendo uvas negras.
                   Abres la camisa donde escuchas todas las manos del
                   viento.
                   Y ves detrás de ti las máquinas resueltas
                   a fabricar las formas rápidas,
                   y convulsas, del olvido.
                   Esto ha de quedar en el aire como un frío limpio.
                   Mi nombre se puso delante
                   del instante mortal de la celebración.
                   Se evapora la ropa, mas no siento.

                                                                                  La traducción es de un servidor.



jueves, 2 de abril de 2015

ESTIGMATISMO



Hoy debería follarme un pez

Me solidarizo por un día con los que me odian

En este poema hay pulgas de todos los tamaños

Buenas y malas, suscritas a una determinada corriente filosófica

En la que no puede uno bañarse dos veces

Todo lo que me hace feliz me embrutece

De esto me di cuenta con mis antenas de onda media hace mucho

(cuando era un mocoso arregladito para hacer la primera comunión)

Hasta que me las machacó impunemente

El elefante rosa de la retórica

Desde entonces palpo langostas con un muñón

Se van a enamorar sin remedio de esta lengua

Enjaulada

La llamo estigmatismo

Hoy debería follarme sinceramente un pez 

A mí

Y mañana si hace bueno

También a ustedes también


Colaje de Walter Brusius





domingo, 29 de marzo de 2015

VARIACIONES SOBRE UN MOTIVO DE MARIO MONTALBETTI


                                       

                                       La diversidad la conjetura el límite y la abstracción
                                       Alguno de los cuatro atrasa a todos los demás
                                       Logremos esa estabilidad que sólo da un adiós
                                       Adiós al hermetismo adiós al fetiche adiós al símbolo
                                       Os echaremos de menos gracias por la anestesia
                                       Compañeros os entiendo este muro huele a falsa modestia
                                       Podéis verter aquí vuestro justificado disgusto
                                       El idioma no tiene unidad
                                       Se la tiene que dar uno






sábado, 28 de marzo de 2015

CAPICÚA VINAGRE


                                             Como todos los poetas
                                             de mi generación,
                                             no pertenezco 
                                             a ninguna generación de poetas.






jueves, 19 de marzo de 2015

POEMAS ANÓNIMOS, de Mendigo Diego



               donde antes el aliento de un hombre aún podía
               sostener la vibración intacta de las cosas,
               ahora se cubre todo de un vano afán oscuro
               enredado en la pausa silente que en la noche,
               con un vago latido de tiniebla,
               la mesura enardece congénita de una mano
               que acaricia esta flor innecesaria y triste

               y también significa que la muerte te ofrece
               unos labios sinceros donde puedes besar
               todo aquello que nunca más verás, tú,
               que como yo, ahora, te hablas a ti mismo
               creyendo hallar la suma del universo
               en humildes palabras que atesoran
               la virtud de callarse cuando hablas

               o quizás cierta noche de un abril incendiario
               un jazmín represado se quemó
               entre tus dedos,
               leve fue el anuncio de la carne, hiperbólico
               nódulo de raíces anómalas como puños
               urdiendo sepultar entre nubes
               el aciago rumor de la especie
               que decora sus púlpitos con cabezas cortadas

               sí, el silencio es aquello que nadie quiere escuchar
               y se ofrece sin darse, en la sombra, secreto,
               como el eco sin dueño de un dolor que no está









martes, 17 de marzo de 2015

TÁCTICAS DE PAYASO


   Este es el título del libro de poemas que Ediciones Tigres de Papel me publica y brinda al lector el mes que viene en Madrid. El maestro de ceremonias en este bautismo de fuego será el poeta Alfonso Brezmes. En adelante os doy noticia de otros aspectos interesantes de este libro. Aquí va, queridos amigos, un poema de los que figuran en él, para ir abriendo el apetito:


           Interruptor colectivo de sueños

                                                                                                          a Paco Moral

               Arpa clavada en dorso de elefante 
               que muge 
               mariposas
               por la trompa.
              Tonel  de sinfonías 
              en las cloacas de cartón.
              Un nigromante inventa ambiciones en la sesera
                                              de una ballena trabalenguas.
              Silbos de amor en batiscafo e 
              hipopótamos
                                              pisando sombras de pájaro.
              Periscopio chillón busca gozo 
              en el abismo de un mar sin fondo,
                             entre medusas de seda azul y bragas
                                                                de puta caribeña.
                                                                                   Off


Colaje de Manolo Marcos



lunes, 16 de marzo de 2015

KAFKIANA VII


    Desconfío de los escritores que tienen la mesa de trabajo muy bien ordenadita. Parecen temerosos de que ese inocente caos de pequeñas cosas que pueblan su habitación se les escape de las manos y acabe por introducirse en lo que escriben, y albergo la sospecha de que, por la noche mientras duermo, una pluma estilográfica se cuela en el cajón donde guardo los borradores y los corrige minuciosamente sin mi aprobación. Será por eso que procuro por las mañanas arreglar un poco el desaguisado cotidiano e identificar al intrépido mensajero de la literatura que me pone el punto sobre la i. Recuerdo perfectamente que dejé escrita esta reflexión ayer y no terminaba así. Tengo que reconocer que no lo hace nada mal.





domingo, 15 de marzo de 2015

POEMAS ANÓNIMOS, de Mendigo Diego



                      voy viendo llegar la muerte
                      alcanfor en secas bocanadas
                      me ha mirado dos veces
                      con un señuelo en las pupilas
                      para mi labia de pez sedienta
                                                       de infinito

                      qué besanas a fuego en la tierra
                      pentagrama de sombras
                      que desnudan lascivas a otros condenados

                      me respetas aún
                      te compadeces
                      porque crees en mí
                                         tornasol irisado en palabras
                      macilento cantor de una antigua ceguera
                      esa mirada pronta de libélula te la voy a cubrir
                      con el ardiente sexo de las moscas

                      me golpea una voz que pide redención
                      enmudece la hembra
                      que se poda las venas en el patio
                                                        ya mi rosa se pudre
                      la memoria es un vino fermentado
                      en la indolencia muda del olvido
                     ¿no vale un cuerpo el precio de morir
                      arrodillado ante un altar vacío?
                      alguien tendrá que recoger las esquirlas
                      de este poema que acabo de romper


Colaje de Alfonso Brezmes




miércoles, 11 de marzo de 2015

SALVAR AL MUNDO CON LA POESÍA: discurso inaugural de la tomatera


                                                          Pido que España expulse a sus demonios.
                                Que la pobreza suba hasta el gobierno.
                                            Que sea el hombre dueño de su historia.

                                                                         J. Gil de Biedma



A otro gallo con ese cuento
Yo pensaba que después de escribir
un libro no había que dar más explicaciones
aquí me tienen cogiendo al toro por los cuernos
qué me aproveche eso ahí
no quieran saber ustedes lo que sufre
el riñón de un diputado
tan calladamente pegado a la tapicería del escaño
amigos
Somos las personas del verbo
nuestro presidente tiene frenillo
vendería a su madre por un halago
opérese la lengua en un cirujano plástico
señor Don Mariano
y otra cosa más
Pido que España expulse a sus demonios
si no es posible tanto me conformo
con que desaparezca un Conde Crápula
¿Cuándo vamos a crucificar a ese ejecutivo
que se la pasa calculando legalmente
a quien le toca morirse mañana?
Lo hicimos con Jesucristo
que venía a redimirnos
qué son estos remilgos
he suspendido el teórico de poesía
no me veo capacitado para salvar al mundo
Yo creo en la hondura del poema
y también en la guatemala
escribo lo que puedo háganse cargo
un poeta no es un bombero ni un equilibrista
que la pobreza suba hasta el gobierno
que sea el hombre dueño de su historia
ahora que me he quedado solo delante del micrófono
quién va a venir a redimirme de esta fiesta?
si alguien tiene algo en contra de este matrimonio
que hable ahora o hable para siempre
anda por aquí el fantasma calvo de Gil de Biedma
lo suficientemente sabio como para fingirse tonto.


Obra de Juan Muñoz


lunes, 9 de marzo de 2015

POEMITAS DE MAÍZ CI


                                       Tiene la noche plumas de luna
                                       tejiendo el garzo mandoble
                                       indiferente que propina la muerte.

                                       La corrosión de llanto silencioso
                                       que turba el frío y lo convierte en niebla
                                       vigilante. Han caído los muros en los ojos
                                       eméritos del viento. Es desnuda la vida.
                                       Y nunca duerme.

                                                                    Mendigo Diego


Kolaj de Rafa Cornejo




domingo, 8 de marzo de 2015

EN OTRO MUNDO





He pensado que no
sería mala idea
hacer un barco de papel.
Ponerle tu nombre.

Colocarlo en la orilla
de un río.
Dejarlo partir.

Más se perdió en Cuba.
Pero no me resigno, quizá
lo encuentres
varado a tus pies:
como quien no quiere la cosa.


                                 



miércoles, 4 de marzo de 2015

LA CULPA FUE DEL GENERAL PATTON: soneto pacifista


                          Con una expectación equidistante
                          vamos a contemplar tu obra magna
                          como quien mira un pato en el estanque,
                          nervioso colector que, en dura pugna

                          con otros tantos patos delirantes,
                          parpa ripios bucólicos o grazna
                          furibundas metáforas y un tanque
                          irrumpe presuroso por la plaza:

                          en riguroso directo lo contamos,
                          el arte, la poesía y el respeto,
                          incluidos los patosos poetas

                          del jardín, con todos sus reclamos,
                          quedan eliminados del soneto
                          por obra y gracia del General Patton.





lunes, 2 de marzo de 2015

POEMAS ANÓNIMOS, de Mendigo Diego



                       No entiendo por qué dos
                       dos ojos dos manos dos orejas
                       dos brazos me cuadra
                       dos piernas se puede comprender
                       pero para qué dos orificios respiratorios
                       a santo de qué dos cojines en el sofá
                     ¿a falta de uno?

                       Yo quiero andarme con una oreja
                        la otra no me sirve para nada
                        es como si la vida ya fuese
                        un pluriempleo y un derroche
                        que no podemos seguir así
                        y con un ojo también me basta
                        ya he leído lo suficiente
                        y me quema la luz del flexo
                        con un solo ojo leeré a partir de ahora

                        Tenía razón el tonto de Darwin:
                        la selección natural es una factoría
                        de animalitos consecuentes con su destino
                        que cuando les dicen cuqui menean el rabo

                        Odio a esta gente del norte que siempre llevan razón
                        no hacían falta dos
                        ahora lo entiendo todo
                        el cero no existe
                        el cero es el uno







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