En plural, con la ingrávida
glándula segada en su raíz
humanamente,
los pómulos se parten
de tanto equivocar el pan de boca.
De nervios que llegan hasta el hueso
el átomo rabioso se revuelve.
Mendigo Diego
Excelentísimo Señor Washington:
Soy un modesto agricultor de Virginia dedicado a la cría y el cultivo de caracolas presidente. Este año la cosecha ha sido una catástrofe, si me permite la expresión, una mierda. El granizo del invierno pasado destrozó mi cobertizo arruinándome toda la producción de caracoles. Le aseguro que no olvido la gallardía con la que nos condujo usted a la victoria en la batalla de Princeton, con que bizarra determinación supo arengarnos antes de aquella terrible escabechina en que los caracoles éramos nosotros y nos llovía un granizo de mortero y balas demoledor. En estas noches de aciago desconsuelo, viendo mis delicados caracoles agonizar en las bateas que acondicioné para ellos con mimo de científico, he recordado a mis compañeros muertos en aquella heroica batalla. Honda desazón, ilustre prohombre de la patria, sólo mitigada por alguna botella de qüisqui; quizá sea este cúmulo de desgracias, pasadas y presentes, las que han sugestionado mi espíritu, y esta noche he soñado con el consejo de ministros. Paso brevemente a relatarle mi pesadilla, confío en que sabrá disculpar el tiempo que le robo en atención a un antiguo combatiente que dio parte de la cara y un brazo (además de una novia lindísima de ojos garzos con la que me iba a casar) por la independencia de este hermoso país.
Presidía usted el consejo de los padres de la nación, como es habitual en su señoría, muy dignamente vestido y en sus cabellos lucían blancas ondas que al girar la cabeza hacia sus interlocutores daban reflejos azulados. Se dirigía usted a ellos proponiéndoles un impuesto especial sobre las bebidas alcohólicas cuando, muy poco a poco, de manera imperceptible y angustiosa, su noble cabellera se ha ido convirtiendo en la cáscara de una caracola presidente, mientras su cuerpo iba menguando hasta transformarse en una babosa gigante que ocupaba la mesa del despacho de usía. Usted por supuesto no se inmutaba, pero, lo que era aún más terrible: todos los consejeros asentían tranquilamente sin percatarse de que su señoría era ya una descomunal y apestosa caracola pontificando una consigna puritana contra las bebidas espiritosas y un panegírico de las buenas costumbres. Al término de su exposición los padres de la nación, tras dar el sí a esta descabellada iniciativa, se limpiaron los trajes de la baba que usted, en el ardor del discurso, les echó encima. Luego aparecían en mi sueño unos titulares del "Virginia Times" en los que se declaraba una rebelión contra el impuesto, aquí, y en el vecino estado de Pensilvania, y ahí, con los sonidos de las imprentas sellando en mis nocturnas visiones los peores augurios de la desilusión, me desperté sudando algo que parecía tinta.
Le ruego, señor Washington, que retire este injusto impuesto, muchos de nosotros nos aproximamos ya al ocaso de nuestras vidas con la sola compañía de un buen cigarro y alguna amiga cariñosa, y la añoranza de aquellos días virtuosos en que la juventud desgranaba tesoros de pundonor , amistad y fortaleza, a la par que alguna silenciosa viruela. Le mando un bote de baba de caracol, fruto de mi anterior cosecha, con todo el cariño que me es posible acumular; para su señora, que a buen seguro lucirá en el próximo baile del día de acción de gracias, un cutis impecable.
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| Colaje de Manolo Marcos |
Nació completamente solo, asistido por un empleado del catastro, elegantemente vestido con un terno discreto de tenedor de notaría, y un sombrero de ala culta. Era una mañana lluviosa, crecían amapolas en el asfalto. Olía a pan recién hecho y libro abierto. Entonces, con sólo unas horas de vida, tras tomarse un café que dejó deliberadamente enfriar mientras leía el suplemento cultural de un diario vagamente nacional, se multiplicó por partenogénesis ocupando todos los puestos de la administración del estado. El vuelo del ganso le provoca saudade.
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| Colaje de Manolo Marcos |
Heredandy primero gran fortuna del suo padre, proveniente del papel higiénico "Elefante" y la colonia galanty para caballero. Posteriormente pasatiempo favorito monopoly. No caduca.
Larga desidia con una longitud aproximada de cinco angustias se hace la esdrújula delante del espejo. Peina las volutas de su barroca melena con retruécanos de marfil. Rocambolesca desidia en camisón con una pena de tres metáforas se arrastra por la alfombra lentamente: se asfixia sin oxímoron.
La noción de estado respira con dificultad. Duerme en un cajero automático. Fuma restos de colillas y bebe vino de garrafón. El estado de la noción de estado es deplorable: viste con ropa de tercera mano, lee la Fenomenología del espíritu en el banco de un parque público. Las palomas se acercan a dejarle alguna migaja, sí, porque la noción de estado no tiene nación. Fue condenada al ostracismo, no pudo demostrar que era útil para todos. Es una lástima porque la noción de estado sabe: barrer nubes, levantar las tapas de las alcantarillas y propagar por la cloaca el eco de su voz de barítono topatumbas, conducir un autobús hasta el cementerio de mariposas donde los políticos deshojan la margarita que el rey marica dejó olvidada dentro del manual de historia. Y otras inservibles cosas públicas sabe hacer la noción de estado (le vino muy mal la caída del muro de Berlín). Todos los días pisamos con paso firme sobre la noción de estado, esa indigente que te regala una flor a cambio de nada. Seguro que están echando pestes de ella en esa peluquería para perros de la esquina, que llaman Congreso de los diputados. Sólo Hegel, de vez en cuando, le ayuda con una limosna. Es alemán y se lo puede permitir.
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| Colaje de Rafa Cornejo |

Cuando era tan sólo un benjamín, huérfano de padre y madre, tuvo la genial idea de colocar una taza de water en el ascensor del Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York. En connivencia con su amigo Rockefeller, que era botones en el mismo hotel, logró que la jet-set neoyorkina colocara inodoros en todos sus chalets y residencias de infierno, ya que hasta entonces hacían sus necesidades en restaurantes de lujo. La culpa de su declive la tuvo Marcel Duchamp. Ya pueden imaginarse por qué.
El lúcido reflejo en la copa de vino dora la imaginación y pervierte la fantasía borrándole las sombras que le sobran. Príncipe de la razón instrumental, aprobación, aplauso y regalía, amén del común, con fino bisturí ven aquí. Hallarás la extática mirada de un inocente niño de erótico flequillo cavernario, la contertulia danza de diógenes, prestos batidores del látigo vernáculo, esdrújulas marujas de labio amargo. Abeja lengua que ha sustraído ya los perfiles de la luz a su envés de tinieblas buscando la verdad, quiere escuchar la engoladísima miel del campeón de los predicadores.
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| Colaje de Rafa Cornejo |
Has de llegar desnudo de consignas, con canto gregoriano; ebrio de sol y muerte habrás de tomar la hez hasta apurar su copa y celebrar que nadie te comprenda, con la risa romántica del loco desprenderte de tus sabias ovejas amaestradas, del abrupto músculo retórico y disecar tu corazón salobre que todos comeremos, ávidos nosotros los dióscuros, los cínicos, de darte una vida nueva, de ofrecerlo en sacrificio. Tu corazón rampante especiado en burdas medallas, para que brille el vino en su razón común, cenit de los desheredados, palabra desposeída de su mortal espejo. Y así, príncipe del afecto regalado asentiremos en sexta ronda, haremos abluciones con la lengua en vuestro honor. Sólo así. No queremos adoptar buitres de oráculo. Nosotros los platónicos borrachos sólo nos dejamos revelar por fuego de uva. Uvas de la parra de todos. No estamos hambrientos de Absoluto.
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| Colaje de Paco Marcos |
Famoso por su saludo morigerado, inexpresivo. Su mirada parecía el moco refrigerado de un pavo. Tenía cara de puerta abierta. Recientemente se ha subastado su fondo de armario y la recaudación ha ido a parar a las viudas de samurais. Asesinaba a sus rivales lanzándoles el abanico abierto a la yugular.
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| Colaje de Mihai Alexander Paslariu |
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| Colaje de Paco Marcos / Blog personal aquí |
Almirante Nelson Mandala, precursor de la teoría de los fractales, defensor de gilipolleces las justas, afectado de cataratas, hizo suya la máxima de Guillaume Apolillado, poeta simbolista francés que vivía en los armarios: " No se puede llevar consigo a todas partes el cadáver del padre."
Gran filósofo del Ático, mecenas del comercio de armas. Arrepentido por una vida disipada y miserable, se suicidó con un tirachinas.

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| Artefacto de Maskull Lasserre |
Cuando follo con Rosa necesito tener cerca una bolsita negra de plástico donde quepa mi cabeza. Puede parecer ofensivo que durante el sexo le preste más atención a una funda que a su rostro, por eso debo aclarar que no soy fetichista o pedante y que Rosa es casi guapa.
Si necesito de una bolsa para follármela es porque mi excitación se basa en anular el pasado. El problema es que ella jamás accede a usar la bolsita en su cara, así que Yo Soy El Que Se Emplastica para salvarnos de sus pómulos surcados por nuestras vergüenzas.
He tratado de luchar contra la bolsita poniendo a Rosa en cuatro patas e ignorando su cara, pero cuando estoy a punto de lograrlo, ella gira esa cabeza viciosa hacia mí, dedicándome una sonrisa contaminada por miles de contubernios que me condenan a usar una bolsita barata en el rostro para poder quererla.
Con Rosa he aprendido que la abyección se lleva en las facciones de Los Otros y que la única redención posible es la invisibilidad compartida.
Querido Lelo, aunque uno sólo diferente nosotros los humanos apreciamos; existen. Son de color garzo, aficionados a la astronomía miran el telescopio al revés, donde entonces se encuentran un pelo de pestaña, y creen que es una coordenada espacio-temporal. Pero están ahí, si tiras una piedra desde lo más alto de una torre, consecutivamente se transforma hasta llegar al suelo en: un sapo, un policía de paisano, una barra de labios, la lengua de Albert Einstein, otra barra de labios, el policía pero con uniforme, una rana, una piedra y toma tierra Galileo la piedra, describe una curva en el espacio absoluto ; sólo es cuestión de graduarse la vista. Apenas apreciamos la capa más superficial de la cebolla, hijo. El reloj de la cocina adelanta, justo al lado de una patata milenaria. Parafraseando a Kant; a priori, unas lentejas se cocinan poniendo cuidado de que no se peguen, pero tu no te fíes nunca de tu intuición sensible, será mejor que salgamos a comer fuera. La ciencia es bella en extremo y los universos son garzos como los ojos de tu madre. Una cuestión muy Spinoza.
Tres pelusombras amenazadas por un espelunco se esconden en la caja de la costura. Han sido ascendidas al rango de pelusas adultas y por lo tanto, en cualquier momento pueden proceder al rito del harakiri en parterres, macetas o poyetes. Para una pelusa adultera es un deshonor que la barran vilmente con una escoba, aunque siempre puede, si lo desea, volver al estado de pelusombra, si se enamora de una mota de polvo.
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| Pelusa adultera enamorándose de una mota de polvo. |