Oro se traen emisarios: oirá, sí, menear tesoro.
*
La capacidad de persuasión de la palabra ha sido sustituida vilmente por una imagen superpuesta, denso velo de información escandalosa. Parece que el dato, lejos de ser lo que le correspondería, es decir, una herramienta para interpretar la realidad, convoca al posicionamiento inmediato en alguna de las abundantes trincheras ideológicas de todo signo que proliferan en este campo de batalla virtual que es la esfera de internautas. Algunos, llevados de una resolutiva verborrea, insultan a una parte anónima e inindentificable, que se calificaría a sí misma en el mismo momento en que tomara la palabra para rebatirlos. Así se van formando pequeños destacamentos de oradores, mosqueteros de la verdad, lanceros de la justicia y profetas de la moral. En este juego de estrategia ególatra y por demás superficial: todos somos vasallos de nuestra propia ignorancia.
La capacidad de persuasión de la palabra ha sido sustituida vilmente por una imagen superpuesta, denso velo de información escandalosa. Parece que el dato, lejos de ser lo que le correspondería, es decir, una herramienta para interpretar la realidad, convoca al posicionamiento inmediato en alguna de las abundantes trincheras ideológicas de todo signo que proliferan en este campo de batalla virtual que es la esfera de internautas. Algunos, llevados de una resolutiva verborrea, insultan a una parte anónima e inindentificable, que se calificaría a sí misma en el mismo momento en que tomara la palabra para rebatirlos. Así se van formando pequeños destacamentos de oradores, mosqueteros de la verdad, lanceros de la justicia y profetas de la moral. En este juego de estrategia ególatra y por demás superficial: todos somos vasallos de nuestra propia ignorancia.
Desafiante, la lengua tiene forma de escalera, y se van deslizando las palabras en ángulos de noventa grados hacia el incendio del idioma, y en ese momento la coma es un bombero sacando músculo. Que cada uno la ponga donde quiera, y allí nos veremos. Porque este incendio no hay forma de apagarlo sin dejarlo arder.
![]() |
| Dibujo del autor |
Comenzar siempre con la siguiente frase, que predispondrá a nuestros interlocutores a escucharnos sin la animosidad típica de los interlocutores tipo:- "En las actuales circunstancias, víctimas todos de una entropía distópica, de origen aún por probar, que compromete los cimientos de nuestra sociedad basada en derechos, libertades y obligaciones (aunque este último extremo esté también por confirmar), y por nuestro bien; permítanme estas recomendaciones para ejecutar con elegancia el noble arte de la retórica predictiva:"Como pueden observar, el parágrafo anterior podría ser interpretado por muchos como un síntoma de debilidad e incluso falta de conocimiento, cuando no de decidida ignorancia ante la gravedad de los hechos, debido a un tono conciliador y neutral poco del gusto actual. Acto seguido pasaríamos a enumerar los dos consejos prácticos a los que alude el título. Son muy sencillos de enumerar, pero harto difíciles de entender, por lo que aconsejamos primariamente no albergar la más mínima esperanza de ser atendidos con un mínimo de respeto:Primer consejo - Nunca, bajo ningún concepto, emitir publicamente una predicción de desastre bíblico después de que haya acontecido. Nuestra reputación podría verse mermada de manera notable.Segundo consejo - Nunca, es nunca.
Desde que me conozco mejor, he aprendido a mirarme de otra manera. Antes, por ignorancia de mí mismo, aprendí el idioma del pájaro, dones ebrios de beatitud, ante la inconsolable pantalla del espejo. De tanto mirarse uno, el mundo se estrecha como un agujero negro, y parece que el tiempo melífluo es sigilosamente engullido por él.
Ahora me miro y no me veo. Pasajero ya de otro mundo que no tiene nada que ver con el mío.
![]() |
| Collage de Paco Marcos |
El señor Openthisend nació del mango de un cuchillo. En un primer momento se pensó que era un ectoplasma con apellido anglosajón, con el tiempo pudo confirmarse que es de hueso y gelatina, aunque este particular sólo se supo mucho más tarde, por las revelaciones de su compañera sentimental, la señorita Bubbles, que tiene forma de paralelepípedo. Fue educado en un colegio vacío con la sola compañía de unas musarañas tejedoras de alfabeto, que suelen organizar trabajos verticales sobre el encerado. Su amantísima madre le obligó desde muy pronto a vestir ternos de corte fin du siècle, a cortarse con rigor de samurai todas las mañanas un dedo gordo del pie, que era convenientemente guardado en una alacena llena de niebla.Actualmente se dedica a criar cantos rodados a los que imprime la facultad de volar cuando están convenientemente redondos. Tiene la facultad de afilar mariposas tigre con las uñas, el polvo de las alas contiene un veneno cromatópico ideal para el té de las cinco. Es importante además destacar que sólo fuma en presencia de su abogado. Fue visto por última vez colocando el siguiente cartel en la puerta de su domicilio. Se reparan hilos de Ariadna, al final de la cadena no hay perro. Razón aquí.
Nací en un oscuro pueblecito centroeuropeo que pintó Peter Brueghel el Viejo en 1556, cuando era joven. Todos los pueblos centroeuropeos del siglo XVI tenían apariencia de Belén, y todos los niños recién nacidos en toda época se parecen al niño Jesús. Hasta aquí todo perfecto. El problema se planteó mucho después; tras unos años viviendo fuera del idílico cuadro flamenco, comenzó a manifestarse en mí, con alarmante patencia, la necesidad de comunicar a los demás un estado del Ser que, si bien subjetivo, y sujeto por tanto a la inconsútil gasa trasparente del tiempo, era ya Ser con mayúsculas, es decir: asunción definitiva e inobjetable de una visión del mundo, limpia de polvo y nieve y paja y nube en el ojo ajeno y viga en el cristalino afán arquitectónico de sostener una idea, por loca o equivocada que fuese, pero sostenerla bien.En unos momentos aparecerá mi sobrino para felicitarme las fiestas de Pascua. Le haré, como siempre, la pascua, hurtándole la artificial felicidad homeopática en que vive, con la visión de un esperpéntico panorama de drama y miseria. Para esto último no se me ocurriría ser tacaño. Con la educación no se juega.
El peso de la conciencia sobre la materia deleznable de la carne no podría soportarse de no ser por esos ratos en que el pensamiento entorna con relajo la mirada y se distrae. En momentos así, que pueden ser interrumpidos de la más inmisericorde manera, pensar se convierte en el umbral hacia la ensoñación, tesoro de la imaginación y solaz de la fantasía: duran lo que tienen que durar, pero la mayoría de las veces ni siquiera lo suficiente para fundamentar una teoría que se sostenga, para que se presente como por ensalmo ese primer verso que nos da el poema, o para desentrañar las verdaderas motivaciones de esa persona que nos mira mal en el trabajo.
Los ratos que dedicamos a pensar a ratos es mejor no emplearlos en intentar sacar conclusiones definitivas para algún problema en verdad importante; eso es mejor hacerlo en ratos que pensemos con absoluta lucidez. Aunque la lucidez, en muchos de nosotros, se da de una forma centelleante, por descargas de atormentada fe en algún peregrino ideal o por certero relámpago que despierta, en el pozo de la memoria, los arcanos de las verdades incontestables. En estos casos, la efímera inmediatez de nuestros argumentos podría ser interpretada como estupidez perentoria sin cura posible. Y eso sí que no.
![]() |
| Colaje de Paco Marcos |
Crucial, en este punto, saber primero si la que tenemos nos sirve realmente para algo: basta con que dé para vivir. Pero si lo que queremos es pensar de verdad, y dejarnos de vaguedades inspiradas en un imaginario personal, políglota y naufrago de mil lenguas pavoridas; no basta con pensar con dos brazos, o un solo ojo. Hay que acompañarse de la cabeza, o mejor todavía: acompañarla a ella, con la elegante resignación del que sabe que va tener que acatar alguna que otra orden equivocada sin rechistar.
En otras palabras: la cabeza es una señora que no se deja intimidar con facilidad. Y sólo intima con quien le apetece. Parece a veces frígida, melancólica, pero es un estado pasajero; se ofrece luego en dones claros. Pensar con cabeza es uno de esos trabajos que no le interesan a nadie, como recoger lechugas, y que acaban haciendo otras personas que tienen verdadera necesidad de valerse en la vida. Nosotros, como ya lo tenemos todo resuelto, y en suma nos basta con reciclarnos un poco cada día, acabaremos en un contenedor de materia gris. Y estará bien, pues así los mendigos que necesiten un cerebro en condiciones podrán sacar uno decente con un ganchito, y darle mejor uso.Tampoco es cuestión de lamentarse ahora: ya es tarde para pensar con cabeza, hoy por hoy solo puede traernos complicaciones, y lo que es peor; la más absoluta de las soledades. Es mejor levantarse de buen humor, hacer un triple mortal sobre el colchón, desayunar sin agobios, darle los buenos días a todo dios, y hacer esa actividad que nos va a proporcionar el dinero que necesitamos para seguir viviendo, sin tener que pensar con cabeza, un día más. El resto que lo hagan los políticos, los científicos, y los inmigrantes.
Colaje de Paco Marcos
Una actividad tan, en apariencia, silenciosa como pensar, debiera pasar inadvertida. Quien haya asistido a alguna de esas discusiones públicas en que los contendientes se espetan lindezas sin pudor, podrá entender, eso espero, que en el origen del pensar, el hablar ya ocupara el trono sedente del rey mono; imaginemos a nuestros balbucientes antepasados intentando comunicarse entre ellos a duras penas, sin la enorme ventaja que tenemos hoy de decir, por no ir más lejos, la palabra "discurso", y que todo el mundo, misteriosamente, nos comprenda. De aquella libertad de expresión, encogida durante milenios en una postura casi salvaje y primaria, hasta las expresiones de libertad con que, a veces tan en escarnio propio, aun ignorado, disfrutamos de las veleidades del lenguaje, a sabiendas de que aunque no diga nada, dará qué pensar; no parece que hayamos mejorado tanto. Gran error. Siempre es mejor pensar antes de hablar, o en todo caso, hablar en voz baja; pero pensar en voz alta es arriesgarse a que te sustraigan legitimamente el altavoz, que es la suma del mal gusto en lo que atañe al pensar, porque: ¿podría soportarse que un listo se inventase el altavoz de los pensamientos, y nos desayunaramos de buena mañana oyendo los pensamientos crepusculares de (que cada cual cambie el personaje a su gusto) pongamos, Manuel Fraga? Lo que se dice pensar, pensar, y en voz alta, creo que el único que lo hizo en condiciones fue Albert Einstein en la ducha, y tampoco todos los días.
![]() |
| Colaje de Paco Marcos |
Desde que el poeta italiano Cesare Pavese acuñó la expresión "trabajar cansa", cualquier verbo seguido de la palabra cansa adquiere, por arte de empatía, un prestigio no menos antiguo por novedoso. Para los que trabajamos pensando sin ánimo de lucro lo tenemos crudo, porque pensar siempre es cansado con alas tristes. En el pensar reside (oronda y comodamente tumbada en un diván de psicólogo, recitando en tono menor y con variaciones, la interminable sonata soporífera de su particular neurosis) la pesantez y el cansancio de pensar.El trabajo fue, desde el imperio romano, que inventó un instrumento de tortura denominado tripalium; sede y asiento de mártires, santos y esclavos, cuyo nombre acabó haciendo honor, en toda lengua, al noble ejercicio de morir trabajando, como siempre con cualquier peregrina justificación dicha con pompa y circunstancia. En suma: los que trabajamos pensando nos cansamos el doble, y es esa la razón principal por la que acabamos escribiendo cualquier nota literata, en vez de coger los aperos y plantar un berro que tendrá tus ojos.
Uno va, pongamos por caso, andando. Digamos que por la calle, ya que a nadie que tenga patio y/o jardín, se le ocurre salir a la calle a pasear, a no ser que lo inviten y sea interesante. Todo este preámbulo sólo para decir que si se para usted a pensar en mitad de ninguna parte y hay público, parece que se nota más que se ha parado a pensar, pero en sentido directo: como pensar es un hecho casi íntimo, si lo hacemos tumbados en la cama y mirando al techo, o mientras suena de fondo la típica sonata del doctor Bach: pararse a pensar es de obligado cumplimiento, y sin ayuda de semáforos, al menos en aquellos momentos de gravedad, de una hermosura terrible y arrebatadora, en que el contexto requiere de todos un instante de serenidad y reflexión trascendente.Si no paramos a pensar, ni siquiera, en un alegre velatorio, o en las tristísimas e interminables colas del paro, o incluso en las no menos divergentes situaciones en que comprar tabaco parece una cómica heroicidad de folletín; es porque hemos perdido algo sustancial de esta genial fibra de artistas que somos, y solo servimos, de ahora en adelante, para vacar a nuestras ocupaciones, olvidando por el camino asuntos cruciales para los que, aun no teniendo arreglo, hay que parar a pensarlos. Si no se piensan se paran.
![]() |
| Colaje de Paco Marcos |
Si cuento algo relacionado con escuchar un blues tocado, en concreto, por el saxo barítono Pepper Adams, estaría plagiando de mala manera a Córtazar. Como decía Cervantes en el prólogo del Quijote; para qué andarse tomando prestado de otros lo que sé hacer por mí mismo. De todas maneras, cuando escucho un blues por Pepper Adams o quien sea, me da una ternura como de querer abrazar al primer borracho que vaya por la calle, con paso de contrabajo viejo y húmedo, paseando sus tristes notas de color. El pensamiento abstracto, por seguir con Cortazár, tiene esas cosas: con Cortázar, o con Russell, donde quiera que lleven la tilde en el apellido.
Pensar en abstracto es muy saludable, porque nos ayuda a percibir esas importantísimas sutilezas que el pensamiento dedicado, pongamos por caso, a la cría del cangrejo, descarta por puro sentido práctico. La gran lección a la humanidad de parte de nuestro amigo el semáforo es que hay que esperar a que el pensamiento se ponga en verde para lanzarse al abstracto paso de cebra con una cierta seguridad de que no desapareceremos en el intento.
![]() |
| Colaje de Francisco Marcos |
Por tiempo que llevemos siguiendo esta lección magistral de la vida, y después de haber pensado mucho en todo y nada (si no a la vez, que no es recomendable, al menos un poco en cada cosa) los dioses no garantizan la pérdida del oído. En este caso, no fruto de una psicosis de artista, como le pasó al bueno de Van Gogh, sino porque se nos cae la oreja. La oreja se nos desprende con naturalidad y hace un ruido al chocar en el suelo idéntico al de un coco en la arena de una playa: fuerte y suave, seco y sordo.Pensar por pensar se parece tan peligrosamente a hacer oídos sordos, que con algo de experiencia y curiosidad puede incluso adivinarse cuándo una persona piensa por pensar sólo por las expresiones sintomáticas de su gesto. Si esas muecas casi imperceptibles se pudiesen traducir a pensamientos sería un desastre para la humanidad en su conjunto. Nos daríamos cuenta entonces de cual es el promedio de personas que escuchan lo que decimos, y veríamos, con perplejidad, asombro, y muy seguramente una profunda insatisfacción, que no sólo no nos oyen, sino que nosotros mismos algunas veces no pensamos lo que decimos. Y entonces la desconfianza sería tan absoluta como necesaria.
![]() |
| Colaje de Francisco Marcos |
Esta es una frase comodín del engañabobos cantabile. Es tan importante el contenido que subyace a esas tres palabras que uno diría que su universalidad no tiene límites; desde un punto de vista humano y hasta humanitario. Pensar en el otro es un gran fuego oculto que arde en todos nosotros como la pira ancestral de los muertos que nos preceden. Se podría sembrar el campo con los ojos de los muertos, en espera de una redención por la conciencia de todo, absolutamente todo lo que hemos hecho mal desde que nos bajamos del árbol, con la melancolía simiesca de quien supo renunciar a su seguridad para aventurarse en la historia.Simiesca y elegante melancolía: esa cosa vagamente poética que ahora llevamos la mayoría de las veces por fuera, a falta de una caja de dientes de sonrisa perfecta. La historia me baila un tango y pienso en ti.Me gusta pensar que no pasaré de ser un triste orangután con algunas habilidades en las manos para lo que sea. De tanto sapientear el homo sapiens, nos hemos convertido en un homo habilis al cubo. Así que pensar, en ti, o en cualquier otra cosa o persona, o ente concupiscible: retrocedemos. Y claro, eso nunca. Pero nunca.
![]() |
| Colaje de Francisco Marcos |
Es urgente pensar en todo, incluso más que pensar en nada. Es de radical importancia que no demos lugar de pasar de pensar en todo y nada para acabar diciéndonos entre nosotros: todo o nada. Lo primordial de pensar en todo es hacerlo cuando estamos inmersos en pensar en casi nada, que es como se piensan de diario las cosas, es decir: en pensar todos esos aspectos secundarios del ser con los que disfrutamos como niños a todas horas, por ser la nuestra una condición privilegiada; en la práctica, exenta del sustantivo drama vital que azota a tantas otras personas que no somos.Pero no viene la distinción por una necesidad de hacer el bien, sino por la irrefragable bondad de la fregona, capaz de eliminar cualquier mancha que le pueda salir al todo. El todo es un gigantón afable hasta que se le cabrea; entonces, preso de una incontenible humillación nos sacude un manotazo seco en el intelecto cachondo que solemos usar y nos despierta de pronto a una nueva realidad, que permanecía agazapada y tímida detrás de algún prejuicio, por temor a que nos riésemos de ella.Cuando se piensa de verdad en todo, esa seguridad de como estar bien plantados en el suelo, con una playera chula y unas gafas de sol glamuroso, haciendo con sencillez el gilipollas; nos tiemblan un poco las piernas y se nos pasa la seguridad dejándonos el temblor. Y eso es bueno. Por último: para pensar muy bien en nada, hay que haber pensado antes en todo; aunque sea de manera mediocre.
![]() |
| Colaje de Francisco Marcos |
Hay que pensar más en nada. Pensar en algo croqueta o concreto, que para el caso es lo mismo, limita tanto las posibilidades del pensar, que acaba empanando el juicio luego de haberse rebozado bien en huevo primigenio, o, dicho en jerga filosófica: pone el énfasis en la conceptualización de la idea hasta convertirla en una idea fija, tal una señal de tráfico, o la deposición abandonada de un perro en la calzada. Desde algunos laboratorios de escritura se nos impele a seguir escribiendo como quien engorda una descomunal bola de nieve que, en caída libre, va recogiendo en atropellada revolución todos los restos de ideas fijas que yacen en la pendiente de la hoja en blanco. Aquí no le empujaremos al abismo: es mejor pensar en nada (no confundir con no pensar en nada) que escribir lo primero que se te ocurra.
![]() |
| Colaje de Robin Isley |
Duerme en una caseta pintada con colores primarios y diseñada para el juego, en un parque infantil sito en un jardín cualquiera de una ciudad cualquiera de un país cualquiera repleto de cualquieras, catoblepas que van mirando al suelo por la calle. Él es menos que cualquiera de esos cualquieras, muy seguramente se ha quedado en la calle, con su metro ochenta y cinco de magra carne destazada en los muladares del vértigo industrial, llorando como un niño, con el corazón de escaramujo encogido mientras un empleado municipal de la limpieza, con un resto de piedad, le preguntaba que le pasaba y le daba un pitillo. Esta vida le ha soltado los grajos en la cara, híspidos pájaros que picotean en la verde grama los excrementos dorados que el águila imperial del dinero reparte para los que saben medrarlos. Lágrimas vermiculares, estañadas en las arrugas de pómulos que han trasoñado tantas veces la salida del inframundo. Lágrimas peristálticas que se contraen como intestinos sabios de hambre y frío. Muy seguramente, en la calle, por no obedecer sino al universo, o por alguna de esas razones de la conveniencia con las que damos visa de eternidad al prójimo, para no verlo nunca más rondar, como agravio silencioso, nuestra vida muelle.
![]() |
| Fotografía de Fan Ho |
![]() |
| Pintura a tinta del autor del blog: en venta. |
![]() |
| Dibujo a tinta del autor |
![]() |
| Dibujo original a tinta de Manuel Marcos: a la venta. |
(...)“Cuando sucede, lo hace de un modo tenue y a intervalos, tan solo perceptible para mí, como esos fenómenos mensurables únicamente por insectos indestructibles, antediluvianos. Vibración, quietud, vibración… desde los pies hasta el pubis. Al mismo tiempo se va espesando el aire hasta tornarse de un color entre el gris y el amburgo claro, tan claro que pareciera cercano al fálgitro rebajado en dos tonos”.
Era su experiencia y así me la contó. Así lo hizo Aarón cuando por fin decidió hacerme partícipe de su don. Ahora, que ya no está en este universo, os lo traslado a vosotros sin esperanza alguna de que me creáis.
Aarón era una persona poco apasionada, no en el sentido de que no tuviera pasión alguna, lo movían el arte y el aire y hasta un arriero sin fusta, sólo indico que no lo exteriorizaba, podía estar llorando de emoción interior delante de un cuadro de Klimt o envuelto en los mares de Bach, pero por fuera era una estatua. Cuánto más extrañado quedé cuando me lo contó… de la manera que lo contó.
“Y se abrió, de nuevo, une especie de embudo elástico de forma cónico-placentaria, similar al de las otras veces, siempre como patrón estructural que parece o es. He aquí interferencia, otra, este año no paran de sucederse las señales, la primera el día 2 de Enero a las 18:00 h, es decir, a las seis de la tarde. Ese primer 216 lo provocó una llamada desde la empresa en la que llevaba dieciséis años. Era la segunda vez que me despedían de un trabajo, otro 216, conductor cuántico. A pesar de lo sorpresivo del hecho, reconozco que hubiese jurado que estaban contentos con la manera que tenía de desempeñar mi labor de traductor, no me supuso trauma alguno. Una de mis cualidades siempre ha sido esta inalterabilidad hierática, ser imperturbable hasta rozar, e incluso pareciera que hundirme en, la indolencia. Siempre he asumido los avatares vitales adversos como si fueran ellos los que tuvieran que realizar el esfuerzo, la realidad es la que debe aceptar el encuentro, no al revés. Los sucesos extraordinarios se pliegan ante mí, me siento anclado y al mando, poseedor, creo, de una atracción hermética cercana a lo gravitacional.”
“Los días entre hitos numéricos discurren en caída libre, aproximadamente a 9,8 m/s2 (refiero la medición de este evento en ausencia de rozamiento). Los amaneceres; desayunos; defecaciones; visitas al psiquiatra o compras diarias en establecimientos de venta de productos alimenticios se repiten formando patrones, también estructurales.”
“Hoy, una nueva manifestación de otro universo, el séptimo en este caso, el conocido como Avantaures III, ya que existen dos más con el mismo nombre, Avantaures I y Avantaures II, obviamente, se abrió ante mí. Hace ya tiempo que he asumido mi rol como sensor y clasificador (censor) de neo-eventos y neo-formas como designio personal y exclusivo, no me han llegado noticias de la existencia de otros humanos con semejante habilidad, así que debo ser el único, pero desde el punto de vista numeral, esto no hace que me sienta especial, me conoces, soy impermeable al halago externo y al interno en la misma medida.”
Según le pude entender, las incorporaciones desde y traspasos entre dimensiones (universos) ocurrían siempre en jornadas plagadas de señales asociadas al número 216, al menos nueve (2+1+6) manifestaciones eran necesarias para que se abriera la ventana, el embudo. A esa conclusión llegó mediante la observación atenta de todo lo que ocurría a su alrededor. Generalmente éstas resultaban inocuas, simplezas carentes de humana, en apariencia, importancia. Repetidas visualizaciones de una concreta licencia de taxi; dos chicas de dieciséis años; una mujer de treinta y dos demediada; veintiuna medias docenas de huevos (en cartón apilable)... Otras veces, las menos, asociadas a catástrofes relacionadas con la madre naturaleza o desgraciadas voluntades, inhumanas se diría, como pudieran resultar fenómenos costeros que arrasaran ese concreto número de embarcaciones o un asesino en serie que se tomara en serio batir el record nacional de víctimas mutiladas.
“Ésta de hoy está claro que es una fornicopia, así he decidido bautizar a esta especie por sus andares lascivos y a idénticos trancos. Esta neo-forma, el individuo concreto en sí, es etérea, incorpórea, pero asumible. El color anda entre los tonos y los semitonos de la nada y de voz reflexiva, sosegada, como intentando mantener la calma a pesar de la incertidumbre de la primicia y la novedad. Porque está claro que no se les anuncia el viaje, aún así resultan pacíficos y conciliadores. Se les nota la sorpresa nerviosa en el temblar del mentón al presentarse. Este fornicopia, este porque resulta ser macho, se llama Jack. Simpático y hablanchín cuando coge confianza. Al parecer en la séptima dimensión, de la que procede, se dedicaba al alboroto, a secas, sin más. Dicha ocupación, no llamemos profesión porque es sin remuneración alguna, así me lo manifestó molesto, consiste en un duelo continuo con el silencio, del que allí se ocupa un tal García, éste sí remunerado. García producía silencio mientras Jack se ocupaba del alboroto, así se consigue el equilibrio sonoro indispensable que facilita la movilidad del resto de formas que habitan el Avantaures III. Dice que allí no es posible el movimiento del ser, ni en el más completo silencio, ni en la dictadura absolutista de la algarabía. Se necesita magnitud diferencial y variable dentro de un rango definido. Equilibrio, siempre equilibrio.”
Cuando me vi con él había pasado varias horas hablando con Jack, descubriéndole las características del nuevo universo al que accedía y aguantando las ganas de orinar desde hacía rato, me confesó. Aarón solía ejercer de cicerone durante al menos tres días, era la medía temporal que consumían las neo-formas hasta habituarse a la atmósfera, coger confianza en la declamación conversacional y asimilar los sentidos laterales de la circulación por las vías de movimiento (carreteras), ya que en el resto de universos se circula por el centro, se cruzan a diferentes alturas, así evitan las colisiones, ¡audaces! Luego, cuando se despedían y separaban, no solía volver a verlos. El mundo es muy grande, y veinte neo-formas y ocho neo-eventos muy fáciles de dispersar. Tan solo una neo-forma había quedado accesible y recurrible en cualquier momento.
Alsacia era ya mayor cuando traspasó la frontera que separaba Elhagenta, noveno universo conocido, del nuestro. Hembra ambidextra de, aproximadamente, tres metros de altura, Alsacia pertenecía a una de las especies más interesante con las que había tenido el gusto de relacionarse, el Nostalpato. Se le ocurrió este nombre casi el mismo momento de conocerla. Toda ella era tristeza y nostalgia, la sola visión de sus ojos azules sobrecogía, parecía llevar la carga de los pecados de todos los dioses encima, como si tuviera que purgar las culpas de otro, de otros. Curioso a su vez resultaba que los dos brazos los tuviera en el costado derecho, no así la única pierna que tenía, ésta a la izquierda, de manera que resultaba ser zurda de pie, sentada , y ambidextra, en puridad, de brazos. Desde un principio Aarón sintió por ella un afecto y una empatía absurda que también a él terminó descolocando. Ella se estableció a la sombra del árbol más grande del más pequeño y escondido parque de la ciudad. Y de allí no se había movido desde su llegada. No necesitaba alimentarse, al parecer las observaciones que había anotado Aarón lo llevaron a determinar que tras el cambio de universo desaparecía esa necesidad, tal cual si hubieran abandonado su hambre en el lugar de origen; porque sí, se lo habían confirmado, en sus universos se alimentaban.
Todos los lunes y jueves Aarón se acercaba al parque donde habitaba su amiga, se sentaba a su sombra y charlaban durante horas. Alsacia iba cambiando su faz triste por otra risueña, faz que la abandonaba a los pocos minutos de la partida de su pareja de charla. Hablaban de cosas insignificantes, él le contaba las particularidades de nuestro universo, cualquiera valía para sacarle una sonrisa, las últimas elecciones municipales, un partido de fútbol que acabara en monumental tangana, cualquier cosa. Lo que nunca hacía Aarón, jamás, era sumar sufrimiento a su carga. Nunca le hablaba de las guerras ni de las hambrunas infantiles, del hermano que hundía el hierro en el corazón del hermano, del chantaje del agua o del fuego donde ardía la misericordia. Por su parte, Alsacia trasladaba una imagen de Elhagenta que no comprendía Aarón. Magníficas e interminables extensiones de campos rojos, allí todo era rojo, tan solo variaba la intensidad; setenta y cinco rojos diferentes existían, pero ni un solo color más. No existían lo que aquí denominamos apellidos, siquiera los nombres compuestos, en su universo solo existían los nombres de pila, y además no se repetían. Todos los nombres de un universo… únicos. Un solo color y nombres infinitos. No era esto lo que le extrañaba, cosas raras había visto como para no girarse a mirar un avestruz con ruedas. ¿De dónde provenía tanta tristeza? ¿Cómo aguantaba ese peso en el alma? Porque Alsacia tenía trescientos años, eran muchos sufriendo, a pesar de que el tiempo pudiera ser diferente en los demás universos… ¡trescientos años!
(...)
![]() |
| Dibujo de Manuel Marcos |