A veces entra por la ventana
una luz mordida
tras la que no apareces,
me acabo en la mirada
y sólo existo en tí si tu te acuerdas.
A veces se cuela en la memoria
una humedad de pájaros esquivos,
ojos tan leves que refrescan
esta mirada cierta
demasiado evidente
y me recuerdan,
tu condición que huye
de este lugar común en que te escribo.
Mas yo quisiera verte, escondido,
ser tú sin mí:
verte brindar al sol, tirar tu copa,
que mi alma fuese sólo un cristal roto.
Entonces,
quizá entre por tu ventana
este poema y te preste
sus alas de vencejo perdido,
su luz mordida por la ausencia,
























