Su nombre científico, candeus
vulgaris, hace referencia a una
rara cualidad de este ser, autóctono de las Praderas de Suavia, que muda el
color de su cuerpo al blanco neutro, cuando le afirman categóricamente algo que sea
mentira. La policía moral lo usa con provecho para la delación de fraudes y
demás ocultaciones interesadas, se utiliza como cebo para coger in fraganti a
los malhechores, pero una vez consumado el instante de la revelación, es
imposible sacarle una confesión, ya que, además de ser mudo, todo lo que oye se
va acumulando en el fondo de sus orejas, inflamadas a causa de una otitis congénita,
provocada por la escucha secular de la chicharra. Sus apéndices auriculares
tienen la propiedad de erguirse y descargar tremendos golpes sobre la cara de
sus depredadores; el lechuzo normal y el primo común, ambos dos obsesionados por la posibilidad de llevarse al pico un suculento plato de oreja
de cándido frita. Aunque en apariencia parecen una víctima propicia, sólo el
año pasado perecieron más de doscientos lechuzos, de largo, el avechucho más
peligroso de Eurora, a causa del mortal sopapo que propina.

Se multiplican a través de estos enormes apéndices.
Los ejemplares femeninos ovulan cuando sus parejas les arriman al oído cálidas
frases de amor, siendo tal su capacidad reproductiva, que la Comunidad de Vecinos
de las Praderas de Suavia, los ha puesto
en cuarentena, so pena de caparles las orejas. Para evitar que mueran de
aburrimiento los han enseñado a leer, suministrándoles una colección completa
de novela policiaca a cada uno. En general se adaptan muy bien a todas la
imposiciones a que la moderna sociedad les obliga: no pueden escribir, ya que
contarían todo lo que saben provocando la sedición mundial, terminantemente prohibida
por la Sociedad de Naciones Neutrales sin ánimo de lucro; tampoco pueden ejercer el derecho al voto, ya que se dejan
convencer por expertos oradores, sin ejercer el más mínimo esfuerzo crítico de
comprensión. En el estado de Frigidaria, no obstante, ya se ha visto la
conveniencia de que acudan a los mítines del candidato contrario para ponerlo
en evidencia, porque, al cabo de unos minutos de sermón, pasan de la mudanza de
color a un trance de espasmos que provocan el desengaño del electorado. En el
centro de Manipulación Genética de Tulandia , se está probando un antídoto para
que, en vez de ponerse blancos a causa de las tamañas falacias que escuchan,
aplaudan con las orejas.
FRANCAMENTE ACIDO
ResponderEliminarNo esperaba menos de usted, Jorge.
EliminarSalud
que bellas creaturas... necesitamos algunos ejemplares aquí en bigotilandia!
ResponderEliminarPase a recogerlos cuando guste, Carlos.
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